Hemos sido testigos de su Pasión,
Muerte y Resurrección en cinco pueblos desconocidos
para nosotros (Flores de Ávila, Narros del Castillo, el
Ajo, Gimialcón y Salvadios).
Nuestra suerte nació al sentirnos enviados
bajo el cuidado y la mirada de un Padre, que no pierde la confianza
en sus Hijos para extender el Evangelio.
El Jueves Santo quisimos celebrar y comer el
PAN de la Vida y con audacia saboreamos su autenticidad sin rebajas
en la entrega de sí mismo. "Tomad
y comed...Tomad y bebed..." se hicieron y se hacen nuestras
palabras en cada Eucaristía y nos llenan de orgullo porque
permanecen como fortalecimiento del hombre y manantial que sacia
nuestra hambre y sed de Dios. Rezamos con ÉL en las Horas
Santas y reconocimos su CAMINO, su VERDAD,
su VIDA, como la perfecta PALABRA hecha
carne, como la entrega mayor de amor y servicio a la humanidad entera.
El Viernes Santo bajo un cielo grisáceo,
bajo la debilidad de un hombre caído, colaboramos con los
Vía-Crucis, quedando asombrados de la inagotable capacidad
de sufrimiento del que fue capaz incluso de morir. Abatidos como
María, con dolor ante los Sermones de la Soledad y las procesiones,
supimos leer "la Misión de Cristo" como la síntesis
viviente de un hombre que apostó por la libertad en la obediencia
total a la Voluntad de Dios.
El Sábado, como Iglesia que camina, avanza
y se une, nos acercamos hasta el convento de la Trapa en Arévalo.
Allí los 16, jóvenes y hermanas, interiorizamos en
el misterio de su Muerte y Resurrección y brotó en
nosotros esa inquebrantable esperanza y esa indestructible alegría
que se extendería como un fuego imposible de controlar en
la Vigilia Pascual.
A la hora de cenar, ya resucitados, todos nuestros
cantos fueron de Aleluya, "YO HE VENCIDO", "NO
TENGAIS MIEDO", " ID POR
TODO EL MUNDO", como nos recordaba nuestro entrañable
Juan Pablo II.
Y con esta gran fuerza, desde el balcón
de la Vida, con aire de libertad interior y con la paz de quien se
siente perdonado y amado, le pedimos que nos ENVÍE,
que aumente nuestra fe y que seamos levadura, sal y luz, testimoniando
una forma de vivir diferente, que hace presente a Cristo Resucitado
y que emplea sus esfuerzos colaborando en la transmisión,
en nuestro tiempo, de un Dios Vivo. ¡Ojala que cada uno de
nosotros seamos uno de ellos! Grupo Pascua Rural (Ávila) |




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