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Con sumo respeto y veneración
se anudaron las cajas con cintas estrechas de seda roja e inmediatamente
fueron lacradas y selladas mientras la asamblea cantaba: “Tus
palabras alientan mi vida”, alternando con himnos de la liturgia
de mártires. Finalmente se procedió a introducir las
bolsas de las reliquias, anudadas y lacradas por separado, en el
cofre de madera de roble preparado y tallado por especialistas.
Introducidas las bolsas, se cubrieron con la tapa de cinc que también
fue sellada. Seguidamente se procedió al cierre del cofre,
anudado con anchas cintas de seda roja cuyos nudos y extremos fueron
lacrados con el sello del Sr. Cardenal, Arzobispo de Madrid.
Terminado el acto de cerramiento de las reliquias, las diez cajitas
de metacrilato de cada una de las mártires son introducidas
en tres pequeños cofres de madera identificados. A continuación
el sacerdote Delegado invita a iniciar la procesión de traslado
a la estancia habilitada para acoger las reliquias en la Casa Provincial,
en el pasillo derecho adjunto a la capilla, junto a la urna de Sor
Manuela Lecina. La Vicepostuladora lee el siguiente texto de las
Conferencias de San Vicente invitándonos a venerar a nuestras
mártires: «Si viéramos en la tierra el lugar
por donde ha pasado un mártir, nos acercaríamos a
él con respeto y lo besaríamos con gran reverencia.
¿Y podremos despreciar a nuestras Hermanas que son personas
a las que Dios conserva y hace vivir en el martirio? Mis queridas
hijas, tengámoslas en gran estima, guardémosles esa
estima pase lo que pase , y mirémosles como a mártires
de Jesucristo, ya que sirven al prójimo por su amor»
(SVP IX/1, 256)
Con respeto y emoción se inicia la procesión
cantando el salmo: Señor, Tu has sido nuestro refugio de generación
en generación. Sor María Criado y Sor Mª Ángeles
Infante llevan el cofre grande de madera hasta el jardín. |