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Sor Teresa Brull,
ponente de la jornada, así como la Consejera y Comisión
de enseñanza, encargadas de preparar, cuidar, mimar este
tiempo, pusieron entusiasmo, dedicación y esfuerzo, para
que este día fuera significativo para toda la comunidad educativa
vicenciana. A todas ellas: ¡GRACIAS!.
La jornada nos dio la oportunidad de profundizar
y ahondar en nuestras raíces, en nuestra razón de
ser: Somos “signo de la presencia del Reino de Dios en el
mundo de la educación y gesto de fe y esperanza en la posibilidad
de un hombre nuevo”. Vicente de Paúl y Luisa de Marillac
vivieron la significatividad del Reino, hicieron de la experiencia
de vida, experiencia de fe, experiencia de Dios. A nosotros que
hemos recibido como un bien inmenso el Carisma Vicenciano, en el
aquí y ahora, nos toca SER presencia viva y testimonio de
este Carisma allí donde estemos, con todas las consecuencias
(vivir desde la fe, coherencia de vida, colaboración…).
Cada día la escuela nos da una nueva oportunidad para dar
significatividad a nuestro Carácter Propio desde la vocación
educadora, desde la misión compartida, desde nuestra comunidad
de fe. Esta identidad, nos decía Sor Teresa, es un regalo,
un reto que nos invita a construir respuestas en fidelidad y creatividad,
una tarea que exige esfuerzo y trabajo día a día,
una utopía porque siempre estamos en camino…
Que nuestra mejor celebración al premio
Príncipe de Asturias de la Concordia, sea la fidelidad al
Carisma desde una vida comprometida y coherente que responda a las
nuevas necesidades del hoy educativo. Vicente de Paúl decía:
“Hemos de trabajar porque Dios trabaja siempre”.
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