El sábado 25 de septiembre de 2010, con motivo de la celebración de la Festividad de San Vicente de Paúl, un año más, nos reunimos todas las ramas de la Familia Vicenciana, en Isla Mágica. Este año, además con una razón especial: la clausura del 350 aniversario de la muerte de San Vicente y de Santa Luisa.
¿Qué mejor manera de celebrar este encuentro que participando en la Eucaristía y abriéndonos a la gracia de Dios que actúa en nosotros, siempre que le dejamos, haciendo nuevas todas las cosas y fortaleciéndonos en la unión y en la caridad?
Pues bien, el punto de encuentro para celebrar la Eucaristía de Clausura , presidida por el Padre Director de la Provincia de Sevilla, P. José María López Maside y concelebrada por otros siete padres, fue, como en años anteriores, “el Circo del Cóndor”. En el cual nos reunimos unas mil cuatrocientas personas.
Junto al altar podíamos observar un sugerente símbolo que nos mostraba a San Vicente y a Santa Luisa guiando un barco en alta mar y junto a ellos, unas personas que representaban cada una de las ramas de nuestra gran familia: la Asociación Internacional de la Caridad, los Padres Paúles, las Hijas de la Caridad, la Sociedad de San Vicente de Paúl, Juventudes Marianas Vicencianas, la Asociación de la Medalla Milagrosa, los Misioneros Seglares Vicencianos. Todos en el mismo barco, con San Vicente y Santa Luisa al timón, acompañándonos a lo largo de nuestra travesía por este mundo y ayudándonos a afianzarnos, cada día, más en los valores y virtudes de nuestro carisma.
Tras los últimos ensayos del coro, compuesto por miembros de JMV, comenzó la Eucaristía, con el canto de entrada que nos invitaba a ir por la vida “abriendo caminos de paz y bien”, siguiendo los pasos del Señor...
Terminado el canto de entrada, Sor Mª Pilar Rendón, Visitadora de la Provincia, hizo la monición de inicio y acogida, recordándonos la importancia del acontecimiento que estábamos celebrando: la clausura del Año Jubilar. Año en el que hemos profundizado y acogido multitud de gracias, por medio de nuestros Fundadores, “grandes gigantes de la Caridad”, que siguen estando entre nosotros. Año en el que todas las ramas de la Familia Vicenciana han crecido en una mayor unión.
Nos invitó además, en la monición, a orar juntos, a profundizar en nuestro espíritu y a hacer arder el fuego en nuestros corazones para que nuestra vida sea verdaderamente evangelizadora. Nos recordó las palabras de Isaías 54, 1-3: “ensancha el espacio de tu tienda, las lonas extiende, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura”(Is.54,2) alentándonos a poner en nuestra vida todos los dinamismos que sean necesario para “ser profecía y esperanza en el mundo mirándolo desde Él”.
Por otra parte, en la liturgia de la Palabra, muchos participantes nos emocionamos con el canto del salmo 115, que nos dispuso el corazón en la sintonía del agradecimiento al Señor por todo el bien que nos ha hecho, nos sigue haciendo y nos hará.
El Evangelio de las Bienaventuranzas fue comentado por un happening musical representado por unos jóvenes, que nos tocaron el corazón y nos ayudaron, basándose en la parábola del Buen Samaritano, a tomar conciencia de cómo hoy, seguimos dando rodeos ante las necesidades de los demás, haciendo incluso culpables a los mismos pobres y marginados de su propia desgracia. También, nos hizo reflexionar sobre cómo lo que nuestros hermanos más pobres necesitan de nosotros no son ni palabras ni proyectos… bueno, sí, no está mal todo esto, pero con AMOR. Pues sin el amor, todo queda en nada y vacío.
Terminaron la representación con la conversión de los personajes que habían contribuido a la situación de soledad, pobreza y marginación del joven pobre y con la invitación a ser verdaderos prójimos de los demás, sobre todo, de los más necesitados, dejándonos el mensaje “ve y haz tú lo mismo”.
Tras este precioso y profundo happening, el Padre Director que presidía la celebración quiso resaltar el cambio que se había producido en los personajes antes y después de moverse en la compasión y la misericordia. Y es que, si nos movemos en la pregunta ¿quién es mi prójimo? Vamos dando rodeos y buscando motivos para separarnos de una u otra forma. Mientras que si dejamos que el Señor nos cambie la pregunta, como la cambió en la parábola, nos daremos cuenta de que aquel que “usa de misericordia se hace prójimo”. Dios es el Misericordioso y su misericordia se extiende a todos sin diferencia de ninguna clase. A esto estamos llamados, a llenarnos de su misericordia. Porque sólo si nos llenamos de la misericordia de Dios y vamos al encuentro de Jesucristo, Buen Samaritano, podremos actuar como verdaderos samaritanos. Y para concluir la homilía, el Padre Director, parafraseando unas palabras que San Vicente nos dirigió a las Hijas de la Caridad dijo: “¿qué cosa más hermosa puede haber en el mundo que entregar su vida por Amor a Dios en el servicio de los pobres?”
En el ofertorio, mientras cantábamos “tras la huellas de Vicente…”, y después de que se nos recordara que la colecta iría íntegramente destinada a Haití, cada Comunidad presentó un corazón en el que resaltaba un valor. Unos apuntaron la alegría, otros la entrega, otros el respeto, otros la solidaridad, otros el amor… y entre todos veíamos el deseo de aportar lo mejor de cada uno para construir un mundo más humano y más en sintonía con los valores cristianos y vicencianos.
Después, una preciosa danza nos introdujo en el momento de la paz ayudándonos a pedir al Señor, por todos aquellos lugares que carecen de ella. Y tras la danza, realizamos un gesto con las pañoletas en el que manifestábamos nuestro deseo de ser, también, constructores de la paz que tanto necesita nuestro mundo.
Tras la Comunión, el Padre Director, nos remitió al mensaje del Evangelio y del happening que ilustró la homilía –vete y haz lo mismo-, enviándonos a ir haciendo lo mismo que nuestro Señor, a ser buenos samaritanos. Y para concluir la celebración nos dio la bendición solemne y cantamos “el Himno a San Vicente”.
Al terminar la Eucaristía, me invadió un sentimiento de gratitud por la gracia recibida y vivida en tan gran familia. Y, a la vez, me vino a la mente y al corazón, el canto de entrada con que el año pasado, por estas fechas, comenzábamos la apertura del año Jubilar con motivo del 350 aniversario de la muerte de San Vicente y de Santa Luisa: “El amor es creativo hasta el infinito. Somos responsables de una herencia, infinitamente responsables de una herencia de Amor…”
Tras la celebración de la Eucaristía, centro de nuestra vida y misión, se nos ofrecía la oportunidad de seguir disfrutando del encuentro y la convivencia durante una agradable jornada, en la que el buen tiempo se había vuelto nuestro aliado.
El parque temático nos ofrecía una gran variedad de actividades recreativas (agradables paseos, divertidas atracciones, grandes espectáculos musicales, teatro, magia, audiovisuales, etc…). Ya caída la tarde, el espectáculo de danza ecuestre fue precioso, así como fue sorprendente el espectáculo multimedia del Lago, que tuvo lugar a continuación, y que nos presentó las aventuras del Profesor Laguna y su ayudante Gaspar, con nuevos e increíbles efectos especiales, sonido, luz y pirotecnia sobre gigantes pantallas de agua.
Todo nos llevó a pasar un grato día de convivencia familiar en el que no dejamos de dar gracias a Dios por tener la alegría de pertenecer a tan gran familia, una familia que representa a todos los humildes y sencillos de nuestra tierra, a todos los que quieren subirse a la misma barca que dirige el mismo Espíritu que dirigió a San Vicente y Santa Luisa y que va, derechita, rumbo hacia Dios, echando todos los salvavidas posibles, enseñando a nadar e invitando a subir a bordo, a los hermanos que encontramos en el mar de la vida.
¡Qué las gracias recibidas en este Año Jubilar, que acabamos de clausurar, con motivo del 350 aniversario de la muerte de San Vicente y de Santa Luisa, fructifiquen en nosotros hasta el punto de hacer arder, en nuestros corazones, el fuego de la Caridad, con una intensidad tal que ilumine cada rincón donde haya un hermano necesitado de este fuego!
Sor Isabel Mª Saborido |