| Unas mil quinientas personas, se han reunido en el encuentro celebrado
por la Familia Vicenciana en Sevilla. El escenario ha sido "Isla
Mágica", donde niños, jóvenes, mayores y
ancianos, han disfrutado, pañuelo al cuello, del sentido de
la fraternidad, con todos aquellos que ven en San Vicente y Santa Luisa,
su referente espiritual.
Una jornada soleada ha acompañado este encuentro de personas
procedentes de todos los puntos de la Provincia de Sevilla, y en
la que ha habido tiempo para todo.
"El Circo del Cóndor" acogió la masiva
y animada Eucaristía, celebrada por el Padre Director de la
Provincia, Manuel Freire, y concelebrada por los Padres González
y Eguiz.
Los jóvenes de JMV y las Hermanas encargadas, consiguieron
poner un sello vivo y jóven a la celebración, que entusiasmó a
pequeños y mayores, y en la que no faltaron animados cantos.
En ella, tuvimos la oportunidad de escuchar testimonios de varios
jóvenes, todos ellos enviados a una misión. Uno, enviado
a adorar a Jesús en el encuentro celebrado en Colonia. Otros
dos a América Latina, donde la pobreza extrema se hace patente
en cada ser. Y Otra joven fue enviada a realizar una experiencia
con nuestros Pobres más cercanos, aquí, en la Provincia.
Todos ellos compartieron su experiencia de encuentro con Jesús
en el Pobre.
Al llegar el momento de las ofrendas, casi una decena de personas,
fueron acercándose al altar para dejar allí algún
presente representativo de su lugar de origen, y en las que ofrecían
algo de sí mismos.
También resultó emocionante la oración del
Padre Nuestro, formando una cadena de centenares de manos.
Fue Sor Mª Pilar Rendón, Visitadora Provincial, la
encargada de ofrecer la acción de gracias.
La Eucaristía finalizó con el canto del Magníficat, representado
por un grupo de jóvenes cuya bella expresión artística
dejó entrever las alabanzas de María cuando acudió a ver
a su prima Isabel.
Después llegó la hora de comer. Organizados por turnos,
compartimos muchos felices reencuentros teniendo por delante un buen
menú.
El calor apretaba, y tras el almuerzo comenzaron los paseos, las
conversaciones, y ¿por qué no? Un poco de alegría
y diversión aprovechando las oportunidades que brindaba un
enclave tan "mágico". Más de un remojón
tuvo lugar entre los participantes, dado que algunas de las atracciones,
lo incluían, y la verdad es que no venían nada mal
para poder soportar las altas temperaturas.
Una bella experiencia que finalizó con las maravillas de
luz y color realizadas, ya entrada la noche, en el lago.
Sin duda, un encuentro feliz en este territorio de emociones, con
el que nos obsequia San Vicente para conseguir una mayor fraternidad
entre todos, y donde Dios siempre está presente.
Sor Montse Delgado H.C.
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