SEMANA VICENCIANA. DICIEMBRE 2008
Semana Vicenciana

 26-29 de Diciembre 2008

Semana Vicenciana            Con las palabras de saludo por parte de Sor Pilar Rendón citando a San Juan  “la palabra se ha hecho carne y ha acampado entre nosotras”  Dimos comienzo la sesión de este encuentro  Vicenciano.

         Sor Carmen Rodríguez nuestra querida y preparadísima Hermana, nos propuso como tema “Abrir surcos y sembrar”. Para ello uno de los principales retos es la preparación, sin pararnos en la edad, ni en las dificultades que entraña este siglo para la vida religiosa.

         Si en nuestra vida tenemos que abrir surcos y para ello salir al campo, tendremos que ir vestidas adecuadamente, revestirnos de ideas nuevas y de apertura para poder sintonizar con un mundo que cambia vertiginosamente, es en este mundo, donde tenemos que sembrar la inquietud por la búsqueda de Dios  a través del hermano y ver qué tierra tenemos que abonar y de qué manera para que dé los frutos necesarios.

         Nos hizo ver como el hombre de hoy busca una espiritualidad pero no en religiones Semana Vicencianainstitucionalizadas. Tiene ansias de encontrar un sentido a la vida, pero no le vale lo que se le ofrece, lo de siempre. Por la gran falta de fe que reina hoy en el mundo, nosotras debemos situarnos en este contexto y decir algo e  implicarnos. “Hay que ir más lejos…” teniendo claridad con las propuestas de futuro que estén consolidadas con la identidad y el carisma de nuestros Fundadores.

         San Vicente y Santa Luisa, dieron un vuelco al estilo de vida de su época en la ayuda al pobre, descubriendo que el ir y venir en el servicio, era lo que les llevaba a Dios.

         Abramos caminos que sirvan para el hoy, seamos referencia no solo de lo que hacemos sino también de lo que somos, al margen de ser “muchas o pocas”. Cuanto más profundamente vivamos el carisma sembrando en el hoy y este se mantenga vivo, nos mantendremos como compañía en la Iglesia al lado de los pobres.

         Los tiempos nuevos necesitan como nos dice el Evangelio “odres nuevos porque el vino es nuevo” que implica renovación, apertura, puesta al día, comunicación trabajo en equipo, acercamiento a los pobres donde quiera que estén. Todo esto lo conseguiremos, con la “oración, reflexión y diálogo” poniéndonos a disposición del Espíritu. Solo, si  somos capaces  de tener  una fe profunda, podremos salir al encuentro de la sociedad de hoy para poner en ella la impronta del mensaje de Jesús.

         A través de sus palabras comprendimos que para ver nuestra realidad vicenciana, tenemos que Semana Vicencianaanalizar el aquí, el ahora, Dios y los pobres.

        En el aquí viendo como es nuestra vida de Comunidad, como son sus sentimientos, que poder de convocatoria tiene. La Comunidad tiene que ser algo vivo tiene que ser el hogar que acoge a todas, es más que el horario, que las comidas, es un apoyo donde nunca te van a dejar caer, porque cada una es parte esencial de ella.

       En el ahora, cómo es nuestro trabajo, y la relación con los seglares: Tenemos que mostrarnos ante los demás con preparación dinámica, alegre, participativa, organizada, preparada con tiempo, lo que no tenga un esfuerzo sale demasiado débil. Dios es quien toma la delantera y no envía, de esto tenemos que ser conscientes. Hay que ponerse en sintonía con lo que el mundo espera para que de esa manera, le mostremos a un Dios que se desvive por los Pobres de una manera desinteresada y amorosa.

         Con los pobres: estamos traspasando nuestro carisma, nuestras obras, porque no podemos llegar a todas y la sociedad emplea personas laicas, puede que lleguemos a ser trabajadoras en entidades públicas, pero teniendo de cara a los demás algo que nos identifique con claridad ante ellos, es muy difícil pero tenemos que luchar por saber cómo la gente tiene que identificarnos. El pobre es la última razón de nuestro ser, el día que todas las pobrezas se acaben, ya no tendremos razón de permanencia, nuestra tarea habrá terminado. ¿Llegará ese día?

         Hoy hay que estar con los pobres con un talante especial y con la originalidad de nuestro carisma, llevando siempre en nosotras el “Espíritu de cambio”  que  el peso de la tradición no nos impida dar pasos, descubramos la intención vital de los Fundadores, no su letra, sino su vida para reajustarlo a la situación actual. Lo esencial para ellos fue “realizar la tarea del Hijo de Dios en la tierra” el cómo puede cambiar.

         Dios como única razón de nuestra vida: La vida religiosa hoy es muy poco valorada, la gente no acepta  a Dios tal como siempre se les ha mostrado porque se quiere sentir libre y no quiere ataduras y  menos de Dios. Por eso toda nuestra vida está rondando fuera del criterio de los jóvenes en su visión de Dios. Es tarea nuestra mostrarles un Dios cercano, Padre que comprende y perdona las debilidades humanas y que está siempre dispuesto a tomarnos de la mano para ayudarnos a caminar.

         De cara a las jóvenes: adaptemos las tradiciones, manteniendo la búsqueda constante como hicieron los Fundadores. Detrás de nosotras hay un bagaje de experiencias fundamentales y la Semana Vicencianajuventud debe valorarlo, pero hay que adaptar las formas:

         La obediencia ya no es sumisión
         La pobreza, no es dependencia.
         La humildad, no es humillación.

         Cada una marca su ritmo y tiempo con su propio reloj. En Comunidad el futuro es de todas, mayores y jóvenes, es verdad que hay una gran diferencia generacional, pero hay que encontrarse en el AMOR, hay que ceder, dar pasos, facilitar, favorecer el reloj personal, sin dejar la llama viva que nos legaron los fundadores, pero respetando el ritmo de cada persona. Debemos acoger y no mostrar una actitud cerrada ante las distintas formas de pensar.

Los jóvenes son creativos hay que perder el miedo y acogerlos con corazón abierto, lo fundamental es el fondo las formas, pueden y deben cambiar. El punto de entendimiento es el AMOR.

         Nos hizo ver como por naturaleza nuestra Compañía ha sido pionera en muchas facetas, indicándonos la lectura frecuente de nuestra Carta Magna, que no la mantengamos guardada para que se llene de polvo, que no nos sirvamos de la edad para decir “ya no puedo” se pueden hacer cosas distintas, pero llenas de vitalidad, siempre hay algo que decir y compartir, hay que tener un corazón abierto para acoger el “hoy” no aislarnos ante las dificultades de relación, que esto no sea un impedimento en el ayudarnos a crecer, que seamos comunidades acogedoras en donde nadie se vea o se sienta desatendida, la mentalidad actual nos trae cosas nuevas, pero llenas de frescura y riqueza. Que se sientan a gusto las jóvenes que nos vienen, aprendamos a pensar juntas aunque no pensemos igual. Adecuemos la Comunidad manteniendo un equilibrio entre el ayer y el hoy, con gratitud, agilidad y apertura.

         Somos fruto de una época distinta pero dialoguemos ante las situaciones comunitarias, también las jóvenes tienen que tener un aprendizaje de las mayores para quitar aquellas minucias que no conducen a nada, ni son frutos de una entrega en gratuidad.

         Mantengamos el carisma vivo en este siglo XXI con gozos, sombras y dificultades, teniendo una incidencia social, tomando lo fundamental del ayer para servir en el hoy.

         Hacer y conservar lo que Jesús hizo en la tierra, formemos comunidades de vida y no de orden, que el orden quede solo dentro de unos límites. Todo cambio cuesta pero hay que dejar paso a las que vienen con su impronta y solo agarrarnos a los valores del Evangelio, que no son cambiables, lo demás se puede relativizar. Hagamos coincidir nuestro testimonio de vida con la palabra. Seamos coherentes para que nos sintamos libres, tengamos ante el cambio generacional, cercanía y espontaneidad.

         Nuestro seguimiento es a Jesucristo en la persona de los pobres, lo que lo diferencia son los modos, es ahí donde radica la coherencia. Jesús nos ha llamado a todas aunque a distinta hora del mundo.

         De una forma especial nos inculcó con sus palabras la necesidad de salir al encuentro del pobre, que hagamos un discernimiento profundo para dar los pasos necesarios y situarnos al lado del que más lo necesita hoy día.

         Hay que asumir los riesgos y el compromiso, hay que hacer el camino con todos, debemos ir más allá de las pobrezas convencionales, abriéndonos hacia fuera, más allá de nuestras tareas y discernir las verdaderas situaciones de los pobres, es muy importante revisar la misión, se nos pide hacernos presente allí donde hay o surge una necesidad, buscándola a veces porque los pobres no van a venir a nosotras desde fuera, hay que salir a su encuentro.

         El segundo día tuvimos la suerte de tener entre nosotros al Padre  José Román Flecha que con Semana Vicencianasu  gran preparación y rico bagaje, cercanía y gran poder de transmisión nos explicó de forma muy profunda y al mismo  tiempo  amena, la fundamentación de la bioética y los cambios tan acelerados que se están sucediendo hoy día en torno a ella.

         En referencia a este tema nos apuntó muy encarecidamente, hay que estar preparados porque es un campo inevitable para todos y cuando alguien nos pregunte debemos tener la suficiente claridad para poder ofrecer una respuesta clara dentro de nuestras creencias cristianas, y por encima de todo, el respeto a la vida humana, y a todo lo que le rodea, su casa su entorno, su ambiente.

         Nos decía como el hombre de hoy siente una responsabilidad moral hacia los animales y deja a un lado los derechos humanos. Por eso  es tan importante el diálogo hoy dia en el campo de la bioética. Partiendo de la ley natural se debe dialogar incluso con los no creyentes para que respetemos el valor de la vida y defendamos este derecho.

         La defensa de la vida humana que ha sido creada por Dios, es un don, ni siquiera al que mata a otro hay que aplicarle la condena de la muerte, se aborrece al pecado pero no al pecador.

         Todos los seres humanos tienen que ser respetados, desde el embrión hasta los ancianos y ni el aborto, ni la eutanasia tienen sentido desde la fe y hay que luchar para que no se aplique nunca, ni bajo ningún supuesto que se inventen, para llevarlos a cabo. No se puede quitar la dignidad y menos la vida a una persona a causa de su raza, sexo, religión, connotación sociopolítica o no haber nacido aún (no era un persona dicen los partidarios del aborto, porque era una cosa pequeña en el vientre de su madre).

         No cambiemos la palabra vida por calidad de vida, todos tenemos el derecho a vivir hasta que Dios disponga de ello. Todos somos responsables de la vida de los demás.

         El reto que se nos presenta en este siglo es el de  formarnos e informarnos para poder hacer Semana Vicencianafrente a las corrientes modernas que nos están invadiendo y que a la larga nos van a tomar factura si no sabemos ponernos a la altura de lo que estos tiempos nos demanda para poder servir con más eficacia a los pobres y poder seguir siendo la voz de los sin voz.

         Nuestro agradecimiento a ambos ponentes por la claridad, vitalidad y entusiasmo en la transmisión de  sus ideas, tan necesarias hoy día para nosotras, si queremos seguir siendo fieles a la razón de ser de la Compañía de ayer y de hoy, el servicio de Cristo en los pobres.

         Finalmente cito unas palabras de Sor Carmen que vienen muy acorde con estas festividades.
El que es dueño de todas las cosas necesita la ayuda de los pastores para darse a conocer. Como ellos queremos con sencillez,  comunicar lo que hemos visto y oído. Vamos a Belén a ver el acontecimiento, y después anunciarlo a través de  nuestra vida. Para ser  “profecia y esperanza ahora y por todas partes”.

Sor Milagros Aguilar

 
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