
El día 1 de octubre, a las 7 de la mañana, un grupo de hermanas de la P. de Sevilla, con edades comprendidas entre 40 y 46 años de vocación, emprendimos el vuelo con destino Paris.
Nuestro objetivo es visitar los lugares vicencianos para refrescar la memoria, beber de las fuentes y orígenes de nuestros fundadores, revitalizando el espíritu, siguiendo los pasos de nuestras primeras hermanas.
Llegamos a Paris. Nos esperaban las hermanas de la Casa Madre, que nos acogieron con mucha amabilidad. Una de ellas, Sor Isabel, haría de guía y compañera de ruta durante nuestra peregrinación. Llenos de alegría y emoción, cogimos nuestras maletas y nos dirigimos al autocar "SAVAC" que nos esperaba en el aeropuerto y que nos trasladó a la MAISON NICOLÁS BARÉ.
Una vez instaladas en nuestras habitaciones e informadas del horario del día, acudimos a la Capilla de las Apariciones, Casa Madre, para dar gracias a la Virgen por nuestro feliz aterrizaje en Paris y poner ante Sus pies todos nuestros deseos, nuestro fervor y todas las peticiones que traíamos encomendadas de las hermanas de la comunidad y de las familias.
Oramos un buen rato contemplando a la Santísima Virgen, a Sta. Luisa y a Sta. Catalina. Era el momento de agradecer, pedir y ofrecer, considerando que ellos son el móvil que nos lleva hasta allí.
Por la tarde celebramos la Eucaristía en la Casa Provincial de los Padres Paúles. Celebró el Padre Javier Álvarez, Vicario General. Las palabras que nos dirigió después del evangelio, se basaban en la doctrina de San Vicente, "Sed almas de oración", que no la dejáramos por nada, porque hoy con las nuevas tecnologías, telefonía móvil, internet,… nos podrían seducir demasiado y no acudir o acudir menos a la oración. Con estas palabras y otros pensamientos nos quedaron temas para reflexionar en otros momentos.
A continuación, visitamos el Museo de San Lázaro. Más tarde acudimos a la Capilla de la Casa Madre, para participar en el rezo de Vísperas con la Comunidad.

Nos preguntamos ¿Por qué de esta peregrinación? La respuesta es muy sencilla: Nuestras raíces son parisinas. Fue en Paris donde Vicente de Paul, Luisa de Marillac y las primeras hermanas plantaron el árbol de la Compañía de las Hijas de la Caridad para el servicio a los pobres.
Siguiendo sus pasos celebramos la Eucaristía en San Nicolás de los Campos. Esta pequeña iglesia está llena de acontecimientos significativos para nosotras.
La Compañía de las Hijas de la Caridad fue concebida aquí de manera confusa para Sta. Luisa pero cierta por la fuerza del Espíritu un día de Pentecostés.
Luisa de Marillac vive en esta parroquia sus grandes dudas, sufrimientos y otras circunstancias hasta que se encuentra por primera vez con San Vicente.
Pudimos contemplar los cuadros del S. XIX que hablan de San Vicente.
El padre director José María López Maside, que celebró la Eucaristía, nos habló en la homilía del don de la fe, don gratuito que Dios otorga, sin mérito de nuestra parte, pero que debemos trabajar mucho para conservarlo, y que por muchos esfuerzos que hagamos, al final tenemos que decir: "siervos inútiles somos".
Continuamos nuestra ruta visitando la Iglesia de San Esteban del Monte, la primera Casa Madre de las Hijas de la Caridad, situada al pie de la colina de Santa Genoveva. En la iglesia se conserva la piedra de la tumba sobre la que había descansado su cuerpo, que fue quemado en la Revolución Francesa. También pudimos contemplar cuadros de San Vicente "Padre de los pobres" y una efigie de Federico Ozanam.
Conocido es ya de todas las hermanas que hemos hecho esta ruta; las vidrieras, cuadros, estelas y lápidas labradas que tanto hablan los evangelios y de la vida que vivieron nuestros ancestros.
Paris ha cambiado desde hace más de tres siglos, sin embargo en muchos barrios antiguos "las piedras hablan de nuestros orígenes", iglesias, viejas calles, pinturas,…

Hoy, segundo día de nuestra peregrinación por Paris visitando los lugares vicencianos, ha sido muy enriquecedor porque cada una de las iglesias que hemos visitado está tan ligadas a la historia de nuestra Compañía y relacionadas con nuestra vida, que dejándonos llevar por el espíritu, hemos sentido el gozo de pertenecer a dicha Compañía, como Hijas de la Caridad.
Por la tarde, recogiendo todo lo aprendido, recordado y gozado siguiendo los pasos de nuestros fundadores, fuimos a presentar ante la Custodia del Sagrado Corazón Monte de los Mártires todas nuestras experiencias vividas durante el día. Cada una desde su interior, dimos gracias a Dios por habernos concedido tantas gracias.

Mañana libre. Después del desayuno, como teníamos grandes deseos de estar todo el tiempo posible en la Capilla de las Apariciones, nos fuimos reuniendo para estar al pie de la Virgen y orar junto a Ella. ¡Qué silencio! ¡Qué paz! Todo favorece para sentir la presencia de Dios.
Las Hermanas del grupo expresaban su deseo de venir con frecuencia a la Capilla y presentar a la Virgen nuestras necesidades, la de la Compañía, las de nuestra Comunidad, la falta de vocaciones y las de cada hermana en particular. Verdaderamente, reconocemos que esta peregrinación fortalece el espíritu y renueva nuestras fuerzas para continuar la obra que nos legó San Vicente: nuestro servicio al pobre. La Eucaristía la celebramos en la capilla de San José.
No faltaron en nuestras horas libres, ratos de expansión y relax. Unas Hermanas decidieron ir de compras, otras visitar el Museo de Louvre, NotreDame, o pasear por las calles y otros lugares emblemáticos del centro de Paris, como Los Inválidos, la Magdalena,…

Tuvimos la suerte de que amaneció un bonito día de sol y después del desayuno nos esperaba el autocar para iniciar el camino hacia Fain, ciudad situada en el departamento de la Costa de Oro, donde se encuentra la casa de labranza de los Labouré.
Con nuestro cuadernillo en mano, fuimos leyendo cada uno de los detalles de la casa, que casi todas conocíamos, pero que hacía ilusión recordar. Los locales actuales son los que existían en tiempos de Catalina. Recorrimos las estancias donde la familia hacia la vida diaria. Recordamos el gesto de fe de Catalina abrazada a la Virgen, que le pedía que reemplazara a su madre.
A la hora del almuerzo pasamos al comedor ¡Qué bien ambientado! ¡Qué comida tan buena! ¡Con que cariño y esmero lo habían preparado todo! Nosotras como buenas andaluzas mostramos nuestra gratitud dando las gracias por bulerías, bailando con flores en el pelo… Disfrutamos de un rato alegre y jocoso con nuestro folklore andaluz. Con el mismo carácter abierto y generoso pasamos la bolsa para dejar en ella nuestro donativo a las Hermanas.
Tras haber disfrutado de una mañana tan completa, nos encaminamos hacia la capilla o iglesia parroquial en la que tantas veces Catalina (pese a la distancia desde su casa) había oído misa y se fortalecía en la oración matinal para volver a su trabajo.
Esta capilla se restauró en 1.965 cuando el asilo se transformó en casa de ancianos. Es muy querida por las hermanas debido a los recuerdos que evoca: San Vicente fundador junto con el padre de Chandenier y Santa Catalina que acudía a rezar y ver como las hermanas servían a los pobres. Todo esto sirvió a Catalina para prepararse en su misión de sierva. Después de ver y oír todo esto, pedimos a Santa Catalina que nos ayude a servir como ella sirvió a los pobres.

Venir a Vézelay es buscar lo esencial para el espíritu. Allí se encuentra la paz, el silencio y la oración. Estamos a dos horas y media de Paris. Hemos hecho esta parada para compartir los rezos de Vísperas de esta comunidad mixta (casi todos muy jóvenes) en la que hemos recreado bien el oído con tan bonitas voces, nos hemos quedados extasiadas con sus gestos y melodías en los cantos. Parecían ángeles que ayudaran a elevar el espíritu a Dios. Dimos gracias por habernos permitido vivir este rato de cielo en la tierra.
Al terminar sus rezos entablamos un dialogo con ellos. Nos contaron un poco de su estilo de vida, de trabajo y de oración. Son muy originales y se llaman hermanas de Nazaret.
Como en toda visita, contemplamos también el arte y la belleza de la Basílica, la cultura que la envuelve y sobretodo la fe que allí se vive.

Celebramos la Eucaristía en la Casa Madre. Envuelta en el fervor que nos invade al estar ante la Virgen de las apariciones, Santa Luisa y Santa Catalina vivimos la Santa Misa unidas en una misma comunión.
Seguramente salieron de muchas de nosotras oraciones como esta: María llena de gracias, danos fortaleza para aceptar lo costoso, lo margo y lo difícil de nuestras vidas. Danos constancia para cumplir hasta el fin lo que implica la vocación a la que Dios nos ha llamado.
El canto final a la virgen fue: Toma Virgen pura… Canto que a todos nos evoca nuestros primeros fervores, el seminario, ya que al cantarlo toma en este momento un significado especial.
A continuación de la Eucaristía, fuimos por grupos a recorrer los Archivos de la Casa Madre, mientras otras compraban recuerdos en el economato.
Después de la comida y un breve descanso, dedicamos la tarde a visitar Reuilly (casa de ancianos donde Santa Catalina estuvo casi toda su vida), barrio de Mauffetard y leímos la placa dedicada a Sor Rosalía Rendú y Paris de noche. Cabe destacar la belleza del alumbrado de la torre Eiffel con la lluvia de luces de estrellitas.

Ni la lluvia, frío o calor nos detiene a la hora de seguir los pasos de los fundadores.
Como Santa Luisa, hoy hacemos este viaje a Chartres para encomendar a la Santísima Virgen todas nuestras necesidades.
Queremos, de forma especial, que nuestra peregrinación de hoy sea también Acción de Gracias por los innumerables favores recibidos durante más de 350 aniversarios de la muerte de San Vicente y Santa Luisa. Hicimos delante de la Virgen la Consagración Renovada de toda la Compañía, entregando a la providencia de Dios cada una de nuestras Comunidades por las manos de María.
Con Santa Luisa hemos contemplado en la Catedral la marcha de la historia de la humanidad, la espera de la vuelta definitiva de Cristo.
En efecto, las estatuas, esculturas, cuadros y vidrieras nos van contando el designio redentor de Dios:
- Jesús anunciado - A.T.
- Jesús en su advenimiento - N.T.
- Jesús que continua - Iglesia.
La Virgen María se encuentra 175 veces en la Catedral como heredera de las promesas del único Salvador del mundo y Madre de la Iglesia. En Chartres la devoción a la Virgen se nos muestra inseparable de la fe, en la Providencia y en la entrega a la Iglesia.
Después de contemplar y admirar la belleza de tanto arte en vidrieras e imágenes, pasamos a la sala de recuerdos.
Sor Isabel, la hermana que nos iba explicando la historia y arte de la Catedral, recalcó varias veces que debido a su altura e inmensidad se podía muy bien palpar desde nuestro interior el silencio de Dios.
Celebramos la Eucaristía en la Cripta, donde se encuentra la Virgen a la que Santa Luisa ofreció la Pequeña Compañía. Retrocedimos en el tiempo, para hacer presente tan mencionado momento en sus escritos. Seguidamente, hicimos nuestro Acto de Consagración: todas con una vela encendida, que depositamos a los pies de la Virgen.
Nos sentíamos bajo su protección maternal, encomendando a su providencia a cada hermana y su Comunidad.
Por la tarde, dimos un paseo en el tren de recreo que pasea por el casco antiguo de la ciudad de Chartres y otros lugares que pudo frecuentar Santa Luisa. La tarde se cerró con lluvia, lo que impidió que a la vuelta, paseáramos por los jardines de Versalles, así que nos dirigimos a la Maison. Ya no nos queda otra cosa que decir que GRACIAS SEÑOR, pues todo nuestro recorrido de hoy ha sido una verdadera Acción de Gracias.

Hoy, día de la Virgen del Rosario, que para nosotras es una fiesta muy entrañable, la tendremos muy presente. Primero porque el rosario es la oración de los pobres, y también porque como Hijas de la Caridad lo rezamos casi todos los días, y meditamos los Misterios y milagros de Jesús y su Santísima Madre.
Por grupos, visitamos la sala de recuerdos y los archivos de la casa Madre. ¡Qué bien lo explica la hermana que nos guía! Conocer tantas cosas y documentos de la Compañía es enriquecedor y parece que nos identificamos más con ella. Tuvimos la suerte de ver, tocar y leer el pergamino del Premio Príncipe de Asturias, otorgado a las Hermanas en el año 2006 y que por ser español nos satisface aun más por considerarlo nuestro.
A las 10.30h nos recibe la Madre General Sor Evelyne Franc en el salón de las asambleas. Una de las hermanas saluda a Sor Evelyne en nombre de todas haciendo resaltar la alegría de haber celebrado el 350 aniversario de la muerte de los Fundadores en la cuna de la Compañía. Nos sentimos alegres también por su cercanía, su información continua, que hace posible que las distancias se acorten y los corazones se unan y sentir que cada gesto de las Hermanas de la Caridad es misionero y universal.
A los pies de la Virgen Milagrosa ponemos las intenciones de la Compañía, de los pobres y de cada hermana.
Gracias a Sor Evelyne por dedicarnos su tiempo y sus palabras, que nos recordaron la proximidad del DOMUND, para relacionar nuestra vida con la dimensión misionera de las hermanas que se encuentran repartidas por todo el mundo. Nos habló también de la celebración del 350 aniversario de la muerte de los Fundadores y la herencia que nos dejaron. Nos animó a que nos dejáramos transformar por el Espíritu, fuente de profecía y esperanza, y así seremos fieles a esa herencia. Además, se refirió a la oración y a la vida interior: que los pobres vean en nosotras la figura de Cristo y eso sólo se puede percibir si lo reflejamos desde dentro. Con su sonrisa y cercanía nos dejó otros pensamientos para reflexionar…Como oración final le cantamos la Salve Rociera.
Por la tarde visitamos la iglesia de CLICHY. Tuvimos que retroceder en el tiempo hasta 1.612 para comprender la situación, aflicción y carácter emprendedor de San Vicente cuando llegó a Clichy.
Él se sintió feliz en su ministerio como párroco rural, pero esta época duró poco. Dio el salto a París y allí quedó esta humilde parroquia. Junto a esta pequeña iglesia está la nueva, grande y espaciosa, llamada San Vicente de Paul.
Celebramos la Eucaristía en la iglesia en la que San Vicente se instaló y donde aún se conserva, como grato recuerdo, la pila bautismal que él utilizaba.
Nuestra peregrinación vicenciana está llegando a su fin. Hemos recorrido los pasos de nuestros fundadores, celebrando con gozo el aniversario de su muerte. Ya solo nos queda que nos dejemos transformar más plenamente por su Espíritu, que se llenen nuestros corazones de su caridad, para que la practiquemos en las obras que tenemos encomendadas al servicio de los pobres. Intentaremos ser signos de esperanza, afrontando las dificultades para que tan digna herencia del carisma que el Señor confió a San Vicente y a Santa Luisa, sirva para bien de nosotros y de la Iglesia.
Reconociendo tanto enriquecimiento como nos ha aportado esta peregrinación, solo nos queda dar las gracias a las personas que con tanto esmero la han preparado: a Sor Pilar Rendón (Visitadora) que tanto anima y vive con ilusión lo que disfrutan las hermanas haciendo esta ruta. Una sencilla muestra de gratitud la expresamos con un bonito obsequio a cada una de las organizadoras y acompañantes, en nombre del grupo de "peregrinas".
Sería muy largo enumerar el sinfín de detalles por los que tendríamos que dar gracias. Primeramente a Dios y a la Santísima Virgen por sentir su bendición durante toda la peregrinación. A las hermanas del grupo por la armonía y solidaridad en la convivencia, en la que Sor Pilar con su buen sentido del humor sacó un repertorio de anécdotas muy bien traídas a la música que la acompañaba, lo que nos hizo pasar un buen rato en el autobús.
Como colofón a esta peregrinación, preparamos la marcha hacia el aeropuerto cargadas de recuerdos, folletos y cuadernillos, todo lo que durante estos días nos había servido para la liturgia, visitas y oraciones, además de sentirnos enriquecidas con la historia de nuestra compañía.
Aun tuvimos tiempo para visitar la tumba de Sor Rosalía Rendu en el cementerio de Montparnasse. En su lápida se lee "Beatificada", lo que nos causa gran emoción conociendo su vida.
Estos días quedarán grabados en nuestra mente y memoria como un nuevo Pentecostés, habiendo experimentado, unidas a la Santísima Virgen, la continua presencia del Espíritu.
De nuestro corazón solo brota una oración: GRACIAS SEÑOR POR TANTO BIEN QUE NOS HAS HECHO.

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