350 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SAN VICENTE Y SANTA LUISA

350 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SANTA LUISA Y SAN VICENTE

   ¡Hemos heredado! ¡Qué suerte! Pero… ¿qué hemos heredado? Nuestra herencia es copiosa, no se acaba: ¡son los Pobres! Así lo vimos todos los grupos de la Familia Vicenciana en este encuentro “familiar”.

   Algunos no nos conocíamos. Descubrimos a los miembros de una familia entroncada y enraizada en un mismo objetivo: amar a Dios y darle a conocer y descubrirle en los Pobres, como nos enseñaron San Vicente y Santa Luisa. Por eso nos ha llamado mucho la atención este carisma de servicio por amor.

   Todo el encuentro ha sido un don de Dios. La rica exposición del tema del P. Director sobre la historia de la Familia Vicenciana y su trayectoria a partir del Vaticano II nos iluminó y situó con gran claridad y competencia, enmarcando la jornada y motivando los trabajos de grupo.

   Dios expresa el amor a todos los hombres y por eso nosotros tenemos también que transmitir ese amor. San Vicente supo llenarse de Dios y darlo a los necesitados; debemos profundizar en el Evangelio para poder dirigir al mundo que nos rodea la misma mirada de Dios.

   La acogida de Sor Pilar Rendón y de la Comunidad, el encuentro con otros miembros y grupos distintos al nuestro, el diálogo, la expresión de fe que se expuso con ilusión y sencillez… todo esto creó un ambiente de verdadera familia. La puesta en común de las conclusiones fue enriquecedora. Nuestro espíritu vibraba con ansias de seguir trabajando desinteresadamente y por amor al Pobre. Un clima de unidad reinaba en el ambiente. Todos con un mismo objetivo aunque con diversas formas de llegar a él: Servir a los Pobres.

   El día fue corto pero intenso. Todo nos parecía novedoso. Quisiéramos haber tenido más tiempo para profundizar. Este encuentro ha sido una puerta abierta para entrar en el terreno de la unidad, de la complementariedad, de la aportación de ideas, de ser creativos para mejorar el servicio que realizamos.

   Conocimos mejor a San Vicente y Santa Luisa. Ellos, antes de lanzarse al mundo de los Pobres, se llenaron de Dios, por eso creemos que también debemos llenarnos de Él para poder servir con amor, sencillez, estando siempre atentos a sus necesidades, escuchando sus problemas y compartiendo nuestro tiempo. La ilusión ha brotado en nuestro corazón y, aunque a veces nos sintamos impotentes para solucionar tantas dificultades, surge en nosotros la esperanza de que con Él todo lo podemos; ¡estemos nosotros disponibles!

   Gracias mil por este encuentro. Nos hemos ido renovados, animados con la ilusión de seguir trabajando en esta hermosa herencia que nos dejaron San Vicente y Santa Luisa.

   Momento importante del encuentro fue la Eucaristía en la que participaron los diversos grupos de la Familia Vicenciana y nos volvió a alentar de nuevo el P. Maside con su homilía. La nota de alegría la pusieron los jóvenes con sus animados cantos y todos con la generosidad de sus aportaciones.

   Deseamos, como decían muchos miembros de las asociaciones, que estos encuentros se realicen con más frecuencia y que caminemos juntos por diversos caminos, pero que lleguemos todos a ser una autopista donde sólo sea uno el conductor: Cristo.

   Damos gracias a todo el equipo que ha preparado con tanto cariño estos momentos de oración, diálogo, compromiso y participación. Que sepamos conservar esta herencia tan rica que son los Pobres. Nuestro reto es cuidarlos con amor ayudados por el espíritu de San Vicente y Santa Luisa.

350 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SAN VICENTE Y SANTA LUISA

ENCUENTRO DE LA FAMILIA VICENCIANA PALABRAS P. DIRECTOR

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