ENCUENTRO INTERPROVINCIAL


PAZ A VOSOTRAS.

Cristo resucita cuando esperamos una luz en la mente y en el corazón.
Cuando en su nombre nos servimos unos a otros.
Cuando en su nombre compartimos el agua de la esperanza, la luz de la fe, el pan del AMOR.

Con estas frases, ambientadas en preciosas imágenes sugerentes, comienzan las Jornadas sobre el cuidado integral del enfermo y del anciano, que hemos tenido las Hermanas sanitarias de Sevilla y Granada, en Torremolinos, los días 8 y 9 de mayo, impartidas por el sacerdote diocesano de Guadix, D. José Francisco Alarcos Martínez, profesor de la Facultad de Teología de Granada, especialista en Bioética. Todo ello en un marco tan bello y confortable como es la Residencia Marillac.Tras invitarnos a hacer tres connotaciones importantes:

  1. La mitad del Evangelio está dedicada a describir la tarea de Cristo sanador.
  2. Debemos estar orgullosas por cuanto hemos hecho, a lo largo de nuestra historia, en favor de la salud. Siempre, dijo, habéis estado presentes.
  3. Todos los políticos presentan programas de empleo, de educación y de salud, las tres esferas alrededor de las cuales gira la vida de los ciudadanos.

Sin embargo hace notar que la Iglesia presenta programas de promoción social y educación, -a través de Cáritas, por ejemplo-, pero no aborda a fondo el de la salud, cuando es precisamente en este campo donde al ser humano le surgen los grandes interrogantes.El dolor físico, subraya, se alivia con pastillas, el sufrimiento o dolor moral no. Y Cristo precisamente trató de dar respuesta al sufrimiento. Él se relaciona con la realidad humana, porque sin relación no hay ayuda.En su primera conferencia desarrolló tres conceptos: Salud, Humanización y Dignidad.

En un recorrido histórico nos mostró las distintas concepciones de la salud, para concluir que salud implica "ser personas completas e íntegras, es decir, ser capaces de trabajar, de hacer tareas, pero también de gozar y desarrollar cualquiera de las muchas posibilidades que tenemos dentro de nuestro proyecto inacabado para, a través de ello, llegar a realizar nuestra obra, aquella definida en nuestro proyecto inmanente desde que nacimos dotados de un genoma específico, Ser sano supone ser capaz de ir resolviendo la deuda que es y constituye nuestra existencia, para saldarla, en la mejor manera posible, al término de la misma"

Salud es la capacidad que posee un sujeto para adaptarse de forma armónica y positiva a sus circunstancias de vida, para superar el dolor y el sufrimiento, dándoles sentido, para recuperar el equilibrio cuando lo pierde y para esperar y poder vivir la muerte en paz".

En definitiva, salud no es sólo bienestar, sino la apropiación de la propia vida, la capacidad de elegir valores y hacer propio un proyecto de vida.

Humanización. Explica el proceso de deshumanización, lo que nos aleja de nuestra condición humana, la incapacidad de comunicación y de autoconciencia, problema bioético fundamental:

Se han sustituido las personas por el sistema, el sistema utiliza las máquinas, de ahí que la confianza personal (en el médico) haya pasado al sistema (el hospital), y dentro del sistema a la técnica. Y la tecnificación ha llevado a la despersonalización, la burocracia, el desvalimiento, la vulnerabilidad, es decir, la soledad de la persona que no interesa como ser humano sino como usuario, mirado con criterios economicistas.

Humanizar, por el contrario, es humanar, lo que implica encarnación, tierra, humildad, cercanía.

Es una cuestión ética, tiene que ver con los valores, con la búsqueda del bien de la persona que se encuentra en la relación y de sí mismo.

Humanizar una realidad consiste en impregnarla de los valores genuinamente humanos, que van más allá del uso de las técnicas, para luchar contra la adversidad desde la vida, es decir, que se refieren al fondo del uso de ésta, los motivos, los valores y los modos que llevan a utilizarla bien, dignificarla.

Es la dignidad el marco constitutivo de la humanización. "Los seres humanos no son medios, sino fines en sí mismos". "Tenemos dignidad, no precio". Una dignidad ontológica, que se refiere al ser, ética, al obrar, teológica, que se refiere a Dios, jurídica, reflejada en los textos legales, volitiva, que se relaciona directamente con el ejercicio de la libertad.

Así pues humanizar los ámbitos de la salud significa hacer referencia al hombre en todo lo que realiza para promover y proteger la salud, curar las enfermedades, garantizar un ambiente que favorezca una vida sana y armoniosa a nivel físico, emotivo, social y espiritual.

Humanización que ha de hacerse desde una medicina holística, que abarque toda la complejidad del ser humano, que afecte al ámbito de la cultura, la economía y la política; desde actitudes y no solo de protocolos, que vertebren las estructuras de salud (nuestras casas deben ser estructuras de salud); desde la competencia (no competitividad) profesional y relacional; atendiendo los conflictos éticos y el cuidado del cuidador.

Todo ello para ofrecer calidad humana y asistencial, para poder sonreír.

La segunda conferencia trató de la Pastoral de la salud. A este respecto nos han quedado claras estas dos ideas:

1. En el ámbito de la Bioética la Pastoral de la salud se sostiene en los principios de Beneficencia y de Autonomía. Una ética que hemos elegido vivir como valor, la opción de hacer el bien respetando la voluntad de los demás.

Detectada la necesidad del otro yo opto libremente por darle respuesta, sin que nadie me lo pueda imponer.

Beneficencia y autonomía ceden ante el principio de la no maleficencia. Y la beneficencia no tiene límites cuando falla la autonomía.

2. La presencia de los cristianos en el mundo de la salud ha de estar fundada en la beneficencia y se hace desde dos posiciones:

Curando: Sólo pueden hacerlo los profesionales que actúan con competencia y con Amor.

Cuidando: Todos los cristianos, todos los bautizados, estamos obligados. "Estad dispuestos a dar razón de vuestra esperanza", que decía Pedro en su primera carta

En una interesante charla D. Francisco expuso la evolución de la población mayor en España desde 1990 a 2000, haciendo una radiografía de su situación actual de vulnerabilidad.

Nos dio estos puntos para reflexionar:

  • Como Congregación, ¿estamos respondiendo al reto de nuestra ancianidad? (independencia, tiempo libre, espacio vital, soledad).
  • Cómo situamos ante el problema de la ancianidad hacia dentro.
  • ¿Dónde estar, dónde no estar?
  • Derecho y deber que tenemos de ocupar puestos de trabajo en instituciones oficiales para ser testigos de la fe desde la competencia profesional y el Amor.

Una tercera y preciosa charla, por su hondura humana y cristiana, fue dedicada al cuidado de la vulnerabilidad.

El único ser del planeta Tierra que es consciente de sus limitaciones es el hombre.

Para saber cuidar no es suficiente con leer y estudiar, hay que estar atentos a la experiencia real de la vida, ella nos va a dar la sabiduría que no dan los libros.

Y son cinco las cosas importantes que nos enseña la vida:

  1. A preguntamos por lo más importante: El cuidado siempre se desarrolla en el marco de personas que tienen nombre.
  2. Para cuidar es necesario tener la actitud de hacer algo por lo que no obtengo recompensa. El punto de partida es la necesidad del otro, de ahí que debamos acercamos, descubrir su necesidad y ponemos a su servicio. "No esperes nada a cambio y recibirás". Como Dios, que nos ama sin interés.
  3. No juzgar antes de tiempo a nadie. El prejuicio bloquea a veces una relación de cuidados.
  4. Cuidar a alguien diferente a nosotros es una oportunidad para crecer. El conflicto no hay que evitarlo o delegarlo, hay que abordarlo para resolverlo.
  5. Da todo por quien ames, desde el amor incondicional. No se puede construir un cuidado humano, correcto, integral al ser humano, sin el Amor que no tiene límites.

La vulnerabilidad es la conciencia del límite, que no es debilidad el sentirse vulnerable, sino saber que no se es todopoderoso, condición indispensable para poder cuidar.

La vulnerabilidad es el antídoto de la soberbia, del creemos dioses. Por ella somos capaces de entendemos unos a otros, porque nos comunicamos con la realidad.

El hombre es un ser que constantemente aspira a la seguridad, es la tendencia de la vida humana, por ello, tener conciencia de la propia vulnerabilidad a través de la enfermedad es complicado, nos deja a la intemperie, ante la inseguridad, reverso de la vida humana.

Por supuesto que la capacidad de generosidad puede estar disminuida por un alto nivel de egoísmo, de violencia. La fragilidad es algo que no podemos controlar, por ser condición humana.

Somos imagen de Dios, y Dios comparte nuestra fragilidad, también es frágil. Cuando encuentro a un ser humano roto por cualquiera de sus fragilidades es una experiencia de Dios.

Y a mayor fragilidad mía mayor necesidad tengo del otro, de relación, de compañía. No tengamos miedo a expresar la afectividad.

Cuando somos respetuosos y cuidamos la fragilidad humana, nos hacemos más profundamente humanos.

Terminan las Jornada con una seria reflexión sobre la ética de la ancianidad:

Estamos en una sociedad que sólo valora lo bello, lo joven, lo sano, en que se margina lo viejo.

Sin embargo nuestros ancianos tienen la obligación de dar:

La experiencia personal de que lo vivido, su proyecto de vida, ha merecido la pena. Quien vive intensamente descubre al final la riqueza de lo vivido y llega a la serenidad, el convencimiento de que no hace falta correr tanto, valor necesario en este mundo convulsionado por la prisa.

Ser útil. y puede hacerlo de mil modos.

Tienen la obligación de interpelar a un mundo que valora el esfuerzo, lo ágil, la lucha, la competitividad, frente al mundo de la gratuidad, la serenidad, la paz.

Sabiduría práctica. El anciano nos dice por qué merece la pena vivir. Y puede hacerlo formulando preguntas sobre el ser, para ayudar a pensar, facilitadoras de la madurez de otros.

No son una carga los ancianos, sino personas dignas que tienen algo que hacer en este mundo. Hagamos que su voz sea escuchada, compartida, valorada.

Dignifiquemos la ancianidad, llenémosles de la autoestima por el paso de los años.

Y sería bueno incorporar al anciano a la vida de la Iglesia, para que los jóvenes tengan una referencia.

Sor Josefina Castro

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