Se pueden destacar algunos datos históricos
sobre los Centros asistenciales que existieron en la Iglesia
local de Coria.
En este sentido está el Hospital de San Cosme y San
Damián, llamado posteriormente de San Ginés.
Aunque no exista documentación abundante al respecto, sí
poseemos los datos suficientes para poder afirmar que, hacia el
año 1.528, se construyó en Coria
un Hospital bajo la protección de los Santos Cosme y Damián.
FINES DEL HOSPITAL
Este Hospital de San Cosme y San Damián
tenía como finalidad acoger y atender a los peregrinos que
viajaban hasta Coria para dar culto a las importantes reliquias
de Cristo, y también a la de los Santos más significativos
del santoral cristiano, que poseía y posee la Catedral de
Coria. Destaca entre estas reliquias el mantel
que Cristo y los apóstoles usaron en la Última Cena.
La época en que se construyó este Hospital eran unos
tiempos en que el culto a las reliquias, y el lucro de indulgencias,
formaban parte fundamental de la piedad cristiana. Era lógico
que ciertos lugares en los que abundaban las reliquias de Cristo,
de la Virgen, o de los santos, se convirtieran en Centros de peregrinación.
Recordemos que el viejo catecismo enseñaba que una de las
obras de misericordia que debe practicar todo cristiano es “dar
posada al peregrino”.
Durante el Siglo XVIII, este Hospital siguió prestando ese
mismo servicio, pero bajo el nombre de Hospital de Peregrinos,
y también el de Hospital de San Ginés.
El mencionado Hospital de San Cosme y San Damián estaba ubicado
frente a la puerta del Palacio Episcopal. Este edificio, juntamente
con la Catedral y su dependencia de la casa de los campaneros, el
Palacio del Obispo, y un Colegio de Religiosas para niños,
conformaban la milenaria Plazuela de la Catedral.
PLAZUELA DESTRUIDA
Fue una gran pérdida para el patrimonio
artístico y monumental de Coria que el Obispo Llopis Ivorra,
al comienzo de su pontificado, ordenara destruir la casa que había
sustituido al citado Hospital y, a la vez, el colindante colegio
de niños, como medio de evadir el cumplimiento de las lentas
y complicadas normas que dictaba el Código de Derecho Canónico
sobre venta de inmuebles eclesiásticos que alcanzaran un
determinado valor, y de este modo, poder vender con facilidad
al Ayuntamiento el solar resultante.
La Plazuela de la catedral era un recinto que
daba empaque y sabor de siglos a la Ciudad. Era una plazuela recoleta,
y de tal sabor religioso, que la sola estancia del visitante o del
indígena en ella bastaban para que se imprimiera en sus almas
el mensaje religioso. El atrio de la Catedral también tenía
personalidad propia. La desaparición de la antigua Plazuela
de la Catedral, y la conversión de la misma en un espacio
amplio, abierto, y sin sentido llevó consigo la desaparición
de las otras más pequeñas y también centenarias
Plazuelas del Dr. Camisón y del Duque de Alba. En la actualidad,
ni el Ministerio, ni la Consejería de Cultura, hubieran
permitido al Obispo y al Ayuntamiento hacer tal patrimonial.
HOSPITAL DE LOS BARDALES
Sobre 1.648. el Deán
de la catedral, cuyo apellido era Bardales, fundó un nuevo
Hospital en Coria, Hospital que comenzaron a llamar “Hospital
de los Bardales” . Estaba ubicado en frente del
actual Club de la tercera edad “La Morenita”.
Este
Hospital estaba destinado a amparar a los Pobres y enfermos
del obispado.
También los restos de este Hospital y otras edificaciones
anexas a la Catedral, en ese mismo lugar, han desaparecido para
convertir el solar en un espacio libre con mirador al río
y a la vega. Creo que la supresión de los gruesos muros
de estas edificaciones no han contribuido a favorecer la estabilidad
de la pared de esa parte de la Catedral, que como es sabido
carece de cimientos, sino todo lo contrario.
HOSPITAL SAN NICOLÁS
Este
Hospital fue construido en 1.535,
según ordenó en cláusula testamentaria D.
Iñigo López de Mendoza y Zúñiga,
personaje de ilustre familia, quien fue nombrado Obispo de Coria,
no para que éste residiera en la Ciudad, para que sirviera
en la política al Emperador Carlos V. En vez de pagar el
Emperador al Obispo los servicios que éste prestaba a la
corte, D. Iñigo percibía, en compensación,
las rentas de la Mitra de Coria. No era el primero ni el único
caso. El maridaje entre Estado y la Iglesia siempre ha perjudicado
a la Iglesia.
El titulado Obispo de Coria, D. Iñigo, fue Embajador del
Emperador en Londres y en el reino de Nápoles. Precisamente
en Italia aprendió este Obispo a venerar a San Nicolás
de Bari.
Siguiendo la costumbre de los magnates, D. Iñigo ordenó
en su testamento que se construyera en Coria un Hospital bajo la
advocación de San Nicolás de Bari, y, a la vez, donó suficiente
dinero para que construyera un patrimonio que rentara lo suficiente
para sostener los gastos de dicho Hospital.

VICISITUDES DEL HOSPITAL
La finalidad de este Hospital era atender a los
enfermos pobres. Posteriormente se abrió el abanico receptor.
Durante la guerra de la Independencia los franceses destruyeron
la mayor parte del Hospital. Posteriormente fue reedificado por
el Obispo de Coria Don Blas Jacocbo Beltrán, a su propia
costa.
Hasta la desamortización de Mendizábal, el Hospital
funcionó bien, y los enfermos gozaban no sólo de una
buena atención médica, sino de buen trato por parte
del resto del personal contratado para cuidar a los enfermos.
Con la desamortización de Mendizábal se privó
a la Iglesia de todos sus bienes materiales. Teóricamente
los políticos de la época dijeron que buscaban poner
en plena producción las propiedades y rentas eclesiásticas
para que el pueblo viviera mejor. Pero la realidad fe (como siempre)
todo lo contrario: el pobre pueblo quedó sin el amparo de
las Instituciones de la Iglesia, mientras los poderosos en dinero
o poder político, se quedaban con toda la riqueza de la Iglesia,
por precios mínimos, y con facilidades. Basta con leer la
abundante documentación que existe sobre este tema.
La desamortización de Mendizábal también arrebató
a este Hospital de beneficiencia de la Iglesia cauriense las propiedades
que le proporcionaban las rentas suficientes para poder subsistir.
FALTA DE RENTAS
La falta de rentas para pagar al médico
y al resto de personas que cuidaban a los
enfermos llevó al cierre del Hospital y al constante deterioro
del edificio. Con la desamortización, la Iglesia Diocesana
y Nacional habían quedado carentes de toda clase de riquezas.
Es incuestionable que el pueblo llano fue el más perjudicado
con las desamortización.
LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA DESTRUYÓ
PARTE DEL HOSPITAL LA DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZÁBAL,
FUE MUY NEGATIVA
Ante el deterioro que iba sufriendo el edificio,
el Ayuntamiento cauriense creyó que tanto el Hospital como
el Patronato debían pasar a su administración. Y así
se realizó el año 1.841, de acuerdo con una resolución
de la autoridad política superior de la Provincia Esta situación
duraría poco tiempo.
El 18 de marzo de 1.893. el Juez de la 1ª Instancia de Coria
Don Joaquín Sala y Peris, a instancias del Obispo de Coria
Don Luis Felipe Ortiz, decretó que el Patronato y el edificio
del Hospital de San Nicolás de Bari debían pasar y
que pasaran a la administración episcopal de los Obispos
caurienses.
El día 10 de julio de 1.887, la Reina Regente aprobó
en Madrid el Reglamento de Funcionamiento de la Fundación
Hospital de San Nicolás de Bari de Coria, cuya administración
perpetua Corres- ponde al Obispo de Coria.
GUERRA CIVIL
Durante la Guerra Civil española de 1.936-39,
el edificio fue convertido en Hospital para curar a heridos de poca
consideración y a soldados enfermos.
Posteriormente, el Ayuntamiento arrendó parte de la planta
baja del Hospital para instalar en él un Centro de puericultura
y algunos servicios de Auxilio Social. Como nadie restauraba el
deteriorado edificio, el Hospital volvió a estar en mal estado
de conservación.
COMPROMISOS DE LAICOS
Ante este panorama, el Obispo Llopis Iborra determinó cortar por lo sano y comenzó a ofrecer
el edificio en venta.
Fue en esta circunstancias, cuando providencialmente,
un grupo de personas pertenecientes a las Conferencias Interparroquiales
de San Vicente de Paúl, que radicaba en la parroquia
de Santiago Apóstol de la Ciudad, acordó que sería
bueno para Coria y su zona convertir el viejo Hospital en una moderna
Residencia de Ancianos.
Lo solicitaron por escrito del Obispo el 12 de marzo de 1.971.
El Obispo concedió la autorización solicitada el 30
de abril. Se formó una comisión para llevar a
efecto la idea.
El entonces párroco Don Vicente de Luis Rodríguez,
fue el gran animador de este grupo, y a su apoyo y trabajo
se debió
en gran parte el mantenimiento del entusiasmo y los primeros dineros
para la obra. Se comenzó vendiendo lotería de Navidad
con donativo y se puede decir que esta comisión subsiste
todavía.
Las Hijas de la Caridad,
institución creada
por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, son el
alma de la Residencia. Sin sus trabajos y desvelos esta casa no
sería todo lo que realmente es.
Tener a las Hijas de la Caridad al frente de cualquier
servicio eclesial, o de trabajos de tipo asistencial o caritativo,
es una garantía de éxito. Y es que el carisma fundacional
y único al que estas Hermanas consagran sus vidas,
es servir a Cristo en el Pobre.
Ahí radica la grandeza espiritual y humana de las Hijas de
la Caridad. Y ese carisma lo viven estas mujeres radicalmente las
veinticuatro horas del día. Quienes observamos desde la cercanía
a estas Hermanas, constatamos que es una realidad esta vivencia.
Ellas saben perfectamente que lo fundamental de sus vidas de caridad,
o amor, no es solamente dar comidas y hospedajes a los residentes,
ni administrar las Residencias (eso lo hacen también los
negociantes), sino que es esencial e imprescindible que su vida
diaria sea una vida de entrega amorosa y sin límites al servicio
del desvalido y del Pobre. Para estas Hermanas de la Caridad, los
Pobres, los enfermos, los desvalidos los ancianos, etc. son los
Cristos vivos con quienes Jesús de Nazaret, en exclusiva,
se ha querido identificar y a quienes ellas deben servir con amorosa
ilusión.
Servir a Cristo en los Pobres es el único culto que quiere
Dios. Los Fundadores de las Hijas de la Caridad entendieron con
rectitud que esos cultos externos, a los que tan dados somos los
cristianos en general, no pueden añadir un solo ápice
a la gloria interna o externa de Dios. Dios no necesita de nuestros
cultos, pero Dios sí que ha determinado y quiere
que formemos y vivamos en fraternidad como hijos que
somos de Dios.
Los Fundadores de las
Hijas de la Caridad entendieron bien el mensaje de Jesús
de Nazaret. De aquí que no quisieron que
a estas Hermanas se les dieran el nombre de “religiosas”,
sino de “Hermanas”.
El título que ostenta cualquier “superiora” que
dirige la Residencia de San Nicolás de Bari es el de “Hermana
Sirviente de la Comunidad de Hija de la Caridad de San Vicente
de Paúl”. Es el Título de todas las Hermanas
Superioras de esa Congregación. Una auténtica maravilla.
Las Hijas de la Caridad trasladan a sus vidas el mensaje de Jesús
de Nazaret: <<lo que hagáis a cualquiera de estos,
los humildes, me lo hacéis a mí.>>. YY
solamente en el cumplimiento de esta norma consiste
su espiritualidad, espiritualidad que viven a tope.
Las Hijas de la Caridad de San Nicolás de
Bari se levantan muy temprano. Cuando llega el personal trabajador
a la Residencia, ellas no solamente han hecho su hora de oración,
sino que llevan ya mucho trabajo realizado. Ellas son las primeras
que acuestan y levantan a los residentes impedidos.
Ellas son las
primeras que lavan a quienes lo necesita y quienes le ponen el
dodotis y ropa limpia a cuantos estén necesitados
de ello. El personal trabajador también. La cocinera es
una Hermana.
Todas las Hermanas tienen un título que las acredita para
el trabajo que ejercen. Su vida es un testimonio de coherencia con
la fe en la dicen creer.
PETICIÓN
En nombre de Coria y de los pueblos de la zona,
pido a la “Superiora General de la Congregación con
sede en París y a la Superiora de la Provincia de Sevilla”,
de quienes dependen nuestras Hermanas, que jamás se les
ocurra ordenar que la congregación abandone esta casa para
ir a prestar servicios en otro lugar.
Aquí las Hijas de la Caridad están desarrollando una
magnífica labor que agrada a Dios, a los caurienses, y a
toda la zona de Coria. Estamos muy agradecidos a ellas. Quiero que
este mi testimonio sea únicamente el testimonio y el rito
agradecido de cuantos residen o piden residir en esta Residencia.
Grito en nombre de unos seres que están privados de voz en
el mundo: de tantos hijos de Dios a quienes los familiares les han
dado de lado por que ya son una carga y un estorbo encasa. En las
Hijas de la Caridad encuentran estos desvalidos el amor y el cariño
que sus familiares les niega.
LA VIDA RELIGIOSA
Pienso que, ahora, ¡por amor a Cristo!, cuando
tantas congregaciones religiosas están buscando
nuevos caminos para poder llevar a la práctica sus carismas
fundacionales, deberían replantearse dar un fuerte golpe
de timón a sus naves, y dedicarse a practicar lo único
cuyo cumplimiento es imprescindible en el programa de Jesús.
Esto no podía ser de otra manera: la práctica del
amor al prójimo, ejercido sobre todo en los más humildes
y más pobres de esta opulenta sociedad, en aquellos que carecen
del amor de los suyos y los que son víctimas de desamor. |