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SAN NICOLÁS DE BARI. CORIA (CÁCERES)

Este Hospital fue construido en 1.535 según ordenó
Iñigo López de Mendoza y Zúñiga

    Se pueden destacar algunos datos históricos sobre los Centros asistenciales que existieron en la Iglesia local de Coria.

     En este sentido está el Hospital de San Cosme y San Damián, llamado posteriormente de San Ginés. Aunque no exista documentación abundante al respecto, sí poseemos los datos suficientes para poder afirmar que, hacia el año 1.528, se construyó en Coria un Hospital bajo la protección de los Santos Cosme y Damián.

FINES DEL HOSPITAL

    Este Hospital de San Cosme y San Damián tenía como finalidad acoger y atender a los peregrinos que viajaban hasta Coria para dar culto a las importantes reliquias de Cristo, y también a la de los Santos más significativos del santoral cristiano, que poseía y posee la Catedral de Coria. Destaca entre estas reliquias el mantel que Cristo y los apóstoles usaron en la Última Cena.
La época en que se construyó este Hospital eran unos tiempos en que el culto a las reliquias, y el lucro de indulgencias, formaban parte fundamental de la piedad cristiana. Era lógico que ciertos lugares en los que abundaban las reliquias de Cristo, de la Virgen, o de los santos, se convirtieran en Centros de peregrinación. Recordemos que el viejo catecismo enseñaba que una de las obras de misericordia que debe practicar todo cristiano es “dar posada al peregrino”.

     Durante el Siglo XVIII, este Hospital siguió prestando ese mismo servicio, pero bajo el nombre de Hospital de Peregrinos, y también el de Hospital de San Ginés.

     El mencionado Hospital de San Cosme y San Damián estaba ubicado frente a la puerta del Palacio Episcopal. Este edificio, juntamente con la Catedral y su dependencia de la casa de los campaneros, el Palacio del Obispo, y un Colegio de Religiosas para niños, conformaban la milenaria Plazuela de la Catedral.

PLAZUELA DESTRUIDA

   Fue una gran pérdida para el patrimonio artístico y monumental de Coria que el Obispo Llopis Ivorra, al comienzo de su pontificado, ordenara destruir la casa que había sustituido al citado Hospital y, a la vez, el colindante colegio de niños, como medio de evadir el cumplimiento de las lentas y complicadas normas que dictaba el Código de Derecho Canónico sobre venta de inmuebles eclesiásticos que alcanzaran un determinado valor, y de este modo, poder vender con facilidad al Ayuntamiento el solar resultante.

    La Plazuela de la catedral era un recinto que daba empaque y sabor de siglos a la Ciudad. Era una plazuela recoleta, y de tal sabor religioso, que la sola estancia del visitante o del indígena en ella bastaban para que se imprimiera en sus almas el mensaje religioso. El atrio de la Catedral también tenía personalidad propia. La desaparición de la antigua Plazuela de la Catedral, y la conversión de la misma en un espacio amplio, abierto, y sin sentido llevó consigo la desaparición de las otras más pequeñas y también centenarias Plazuelas del Dr. Camisón y del Duque de Alba. En la actualidad, ni el Ministerio, ni la Consejería de Cultura, hubieran permitido al Obispo y al Ayuntamiento hacer tal patrimonial.

HOSPITAL DE LOS BARDALES

    Sobre 1.648. el Deán de la catedral, cuyo apellido era Bardales, fundó un nuevo Hospital en Coria, Hospital que comenzaron a llamar “Hospital de los Bardales” . Estaba ubicado en frente del actual Club de la tercera edad “La Morenita”.

     Este Hospital estaba destinado a amparar a los Pobres y enfermos del obispado.

     También los restos de este Hospital y otras edificaciones anexas a la Catedral, en ese mismo lugar, han desaparecido para convertir el solar en un espacio libre con mirador al río y a la vega. Creo que la supresión de los gruesos muros de estas edificaciones no han contribuido a favorecer la estabilidad de la pared de esa parte de la Catedral, que como es sabido carece de cimientos, sino todo lo contrario.

HOSPITAL SAN NICOLÁS

    Este Hospital fue construido en 1.535, según ordenó en cláusula testamentaria D. Iñigo López de Mendoza y Zúñiga, personaje de ilustre familia, quien fue nombrado Obispo de Coria, no para que éste residiera en la Ciudad, para que sirviera en la política al Emperador Carlos V. En vez de pagar el Emperador al Obispo los servicios que éste prestaba a la corte, D. Iñigo percibía, en compensación, las rentas de la Mitra de Coria. No era el primero ni el único caso. El maridaje entre Estado y la Iglesia siempre ha perjudicado a la Iglesia.

     El titulado Obispo de Coria, D. Iñigo, fue Embajador del Emperador en Londres y en el reino de Nápoles. Precisamente en Italia aprendió este Obispo a venerar a San Nicolás de Bari.

     Siguiendo la costumbre de los magnates, D. Iñigo ordenó en su testamento que se construyera en Coria un Hospital bajo la advocación de San Nicolás de Bari, y, a la vez, donó suficiente dinero para que construyera un patrimonio que rentara lo suficiente para sostener los gastos de dicho Hospital.

VICISITUDES DEL HOSPITAL

    La finalidad de este Hospital era atender a los enfermos pobres. Posteriormente se abrió el abanico receptor. Durante la guerra de la Independencia los franceses destruyeron la mayor parte del Hospital. Posteriormente fue reedificado por el Obispo de Coria Don Blas Jacocbo Beltrán, a su propia costa.

     Hasta la desamortización de Mendizábal, el Hospital funcionó bien, y los enfermos gozaban no sólo de una buena atención médica, sino de buen trato por parte del resto del personal contratado para cuidar a los enfermos.

     Con la desamortización de Mendizábal se privó a la Iglesia de todos sus bienes materiales. Teóricamente los políticos de la época dijeron que buscaban poner en plena producción las propiedades y rentas eclesiásticas para que el pueblo viviera mejor. Pero la realidad fe (como siempre) todo lo contrario: el pobre pueblo quedó sin el amparo de las Instituciones de la Iglesia, mientras los poderosos en dinero o poder político, se quedaban con toda la riqueza de la Iglesia, por precios mínimos, y con facilidades. Basta con leer la abundante documentación que existe sobre este tema.

     La desamortización de Mendizábal también arrebató a este Hospital de beneficiencia de la Iglesia cauriense las propiedades que le proporcionaban las rentas suficientes para poder subsistir.

FALTA DE RENTAS

    La falta de rentas para pagar al médico y al resto de personas que cuidaban a los
enfermos llevó al cierre del Hospital y al constante deterioro del edificio. Con la desamortización, la Iglesia Diocesana y Nacional habían quedado carentes de toda clase de riquezas. Es incuestionable que el pueblo llano fue el más perjudicado con las desamortización.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA DESTRUYÓ PARTE DEL HOSPITAL LA DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZÁBAL, FUE MUY NEGATIVA

    Ante el deterioro que iba sufriendo el edificio, el Ayuntamiento cauriense creyó que tanto el Hospital como el Patronato debían pasar a su administración. Y así se realizó el año 1.841, de acuerdo con una resolución de la autoridad política superior de la Provincia Esta situación duraría poco tiempo.

     El 18 de marzo de 1.893. el Juez de la 1ª Instancia de Coria Don Joaquín Sala y Peris, a instancias del Obispo de Coria Don Luis Felipe Ortiz, decretó que el Patronato y el edificio del Hospital de San Nicolás de Bari debían pasar y que pasaran a la administración episcopal de los Obispos caurienses.

     El día 10 de julio de 1.887, la Reina Regente aprobó en Madrid el Reglamento de Funcionamiento de la Fundación Hospital de San Nicolás de Bari de Coria, cuya administración perpetua Corres- ponde al Obispo de Coria.

GUERRA CIVIL

    Durante la Guerra Civil española de 1.936-39, el edificio fue convertido en Hospital para curar a heridos de poca consideración y a soldados enfermos.

     Posteriormente, el Ayuntamiento arrendó parte de la planta baja del Hospital para instalar en él un Centro de puericultura y algunos servicios de Auxilio Social. Como nadie restauraba el deteriorado edificio, el Hospital volvió a estar en mal estado de conservación.

COMPROMISOS DE LAICOS

    Ante este panorama, el Obispo Llopis Iborra determinó cortar por lo sano y comenzó a ofrecer el edificio en venta.

     Fue en esta circunstancias, cuando providencialmente, un grupo de personas pertenecientes a las Conferencias Interparroquiales de San Vicente de Paúl, que radicaba en la parroquia de Santiago Apóstol de la Ciudad, acordó que sería bueno para Coria y su zona convertir el viejo Hospital en una moderna Residencia de Ancianos.

     Lo solicitaron por escrito del Obispo el 12 de marzo de 1.971. El Obispo concedió la autorización solicitada el 30 de abril. Se formó una comisión para llevar a efecto la idea.
El entonces párroco Don Vicente de Luis Rodríguez, fue el gran animador de este grupo, y a su apoyo y trabajo se debió en gran parte el mantenimiento del entusiasmo y los primeros dineros para la obra. Se comenzó vendiendo lotería de Navidad con donativo y se puede decir que esta comisión subsiste todavía.

     Las Hijas de la Caridad, institución creada por San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, son el alma de la Residencia. Sin sus trabajos y desvelos esta casa no sería todo lo que realmente es.

     Tener a las Hijas de la Caridad al frente de cualquier servicio eclesial, o de trabajos de tipo asistencial o caritativo, es una garantía de éxito. Y es que el carisma fundacional y único al que estas Hermanas consagran sus vidas, es servir a Cristo en el Pobre.

     Ahí radica la grandeza espiritual y humana de las Hijas de la Caridad. Y ese carisma lo viven estas mujeres radicalmente las veinticuatro horas del día. Quienes observamos desde la cercanía a estas Hermanas, constatamos que es una realidad esta vivencia. Ellas saben perfectamente que lo fundamental de sus vidas de caridad, o amor, no es solamente dar comidas y hospedajes a los residentes, ni administrar las Residencias (eso lo hacen también los negociantes), sino que es esencial e imprescindible que su vida diaria sea una vida de entrega amorosa y sin límites al servicio del desvalido y del Pobre. Para estas Hermanas de la Caridad, los Pobres, los enfermos, los desvalidos los ancianos, etc. son los Cristos vivos con quienes Jesús de Nazaret, en exclusiva, se ha querido identificar y a quienes ellas deben servir con amorosa ilusión.
Servir a Cristo en los Pobres es el único culto que quiere Dios. Los Fundadores de las Hijas de la Caridad entendieron con rectitud que esos cultos externos, a los que tan dados somos los cristianos en general, no pueden añadir un solo ápice a la gloria interna o externa de Dios. Dios no necesita de nuestros cultos, pero Dios sí que ha determinado y quiere que formemos y vivamos en fraternidad como hijos que somos de Dios.

     Los Fundadores de las Hijas de la Caridad entendieron bien el mensaje de Jesús de Nazaret. De aquí que no quisieron que a estas Hermanas se les dieran el nombre de “religiosas”, sino de “Hermanas”.

     El título que ostenta cualquier “superiora” que dirige la Residencia de San Nicolás de Bari es el de “Hermana Sirviente de la Comunidad de Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl”. Es el Título de todas las Hermanas Superioras de esa Congregación. Una auténtica maravilla. Las Hijas de la Caridad trasladan a sus vidas el mensaje de Jesús de Nazaret: <<lo que hagáis a cualquiera de estos, los humildes, me lo hacéis a mí.>>. YY solamente en el cumplimiento de esta norma consiste su espiritualidad, espiritualidad que viven a tope.

     Las Hijas de la Caridad de San Nicolás de Bari se levantan muy temprano. Cuando llega el personal trabajador a la Residencia, ellas no solamente han hecho su hora de oración, sino que llevan ya mucho trabajo realizado. Ellas son las primeras que acuestan y levantan a los residentes impedidos.

     Ellas son las primeras que lavan a quienes lo necesita y quienes le ponen el dodotis y ropa limpia a cuantos estén necesitados de ello. El personal trabajador también. La cocinera es una Hermana.

     Todas las Hermanas tienen un título que las acredita para el trabajo que ejercen. Su vida es un testimonio de coherencia con la fe en la dicen creer.

PETICIÓN

    En nombre de Coria y de los pueblos de la zona, pido a la “Superiora General de la Congregación con sede en París y a la Superiora de la Provincia de Sevilla”, de quienes dependen nuestras Hermanas, que jamás se les ocurra ordenar que la congregación abandone esta casa para ir a prestar servicios en otro lugar.

   Aquí las Hijas de la Caridad están desarrollando una magnífica labor que agrada a Dios, a los caurienses, y a toda la zona de Coria. Estamos muy agradecidos a ellas. Quiero que este mi testimonio sea únicamente el testimonio y el rito agradecido de cuantos residen o piden residir en esta Residencia.
Grito en nombre de unos seres que están privados de voz en el mundo: de tantos hijos de Dios a quienes los familiares les han dado de lado por que ya son una carga y un estorbo encasa. En las Hijas de la Caridad encuentran estos desvalidos el amor y el cariño que sus familiares les niega.    

LA VIDA RELIGIOSA

    Pienso que, ahora, ¡por amor a Cristo!, cuando tantas congregaciones religiosas están buscando nuevos caminos para poder llevar a la práctica sus carismas fundacionales, deberían replantearse dar un fuerte golpe de timón a sus naves, y dedicarse a practicar lo único cuyo cumplimiento es imprescindible en el programa de Jesús. Esto no podía ser de otra manera: la práctica del amor al prójimo, ejercido sobre todo en los más humildes y más pobres de esta opulenta sociedad, en aquellos que carecen del amor de los suyos y los que son víctimas de desamor.

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