| “El Evangelio proclamado en el día
de hoy enumera cuatro grupos de personas: Los que definen a Cristo
como Profeta. Un segundo grupo cree que Jesús es el Mesías.
El grupo enviado por los fariseos piensa que Jesús habla como
nadie en este mundo. Por último, los fariseos lo rechazan sin
ningún miramiento. En la Circular de este año, la
Madre General se interesa enormemente por un tema: la pertenencia
de las Hermanas a la Comunidad:"La Comunidad es el primer lugar
de pertenencia de las Hijas de la Caridad". "Ocurre a
veces, continúa la Madre General, que no reservamos para
la Comunidad local más que la parte cansada de nosotras mismas,
y al volver a la Comunidad, después del servicio, no buscamos
más que el descanso." Si la Homilía es explicación
y aplicación de la Palabra divina, reconozco que he cambiado
el orden. He aplicado la Palabra sin previa explicación.
“Todos se van a casa”. Así concluye nuestro
texto evangélico. No hacen caso de las palabras de Jesús.
A menudo, también nosotros nos vamos a casa a la Comunidad
local, después de la Misa o de leer la Escritura; y hacemos
justo lo que ya teníamos pensado hacer: reservar, quizás,
una vez más, la parte cansada de nosotros mismos para la
Comunidad...
Si no mejoramos nuestras actitudes y proyectos, es que no hemos
escuchado la Palabra... Sin embargo, es verdad que para aliviar
cansancios, romper rutinas, etc., sería suficiente reencontrar
el tesoro escondido y gastar nuestro tiempo buscándolo. Siempre
hay una gran alegría para las Hijas de la Caridad que les
conduce a sacrificar todo para tener el tesoro: CRISTO SERVIDO Y
AMADO EN EL POBRE. Si les ayudo a encontrar el tesoro escondido,
y que a veces se oculta, consideraré auténtico mi
nuevo ministerio”.
En las Ofrendas presentamos al Señor: Pan, Vino, Luz.
La Luz, símbolo de vida, de alegría, de felicidad
y de caridad en el actuar. También es signo de la presencia
de Jesús resucitado que nos acompaña en nuestro camino.
Pedimos al Señor ilumine nuestra existencia con su presencia
para así poder nosotros iluminar a los demás.
Junto con el Pan y el Vino expresamos nuestra unión y amistad.
Que así nuestra vida se transforme en frutos de amor y fraternidad.
Después de la Eucaristía pudimos felicitar al P.
Martín y compartir en un ágape fraterno la mutua acogida,
regresando presurosas al servicio “en busca del tesoro oculto”.
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