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ACTIVIDADES: CAMPO DE SERVICIO ENERO 2010

P.C. PAMPLONA Campo de Servicio: 2 al 5 de enero de 2010

CAMPO DE SERVICIO   El año pasado sor Joaquina me invitó a un campo de servicio durante la Navidad. No me animé a ir ya que ayudar a personas a las que no conocía era algo que jamás había hecho y que por tanto me daba miedo.

   Sin embargo en octubre, me animé a acudir a una pequeña convivencia de servicio y me sorprendió volver tan contenta de ella. En la residencia de ancianos en la que estuve, me impresionó la delicadeza con la que las Hermanas cuidaban a los ancianos, les besaban, les mimaban, les escuchaban... Yo le comentaba a sor Rosa que me llamaba mucho la atención la Alegría con la que las Hermanas hacían todo: hablar con uno, dar de comer al otro... Se sentía mucho Amor y Cariño. Me gustó esa experiencia y por eso tenía tantas ganas de compartir el campo de servicio que se celebraría durante esta Navidad.

   Así que del 2 al 5 de enero, Joaquina, Amparo, María, Rebeca, David, Andrea, Verónica, José, Mayte, Raquel y yo, participamos en el campo de servicio que se organizó en Valencia. Acudimos a una residencia de ancianos en San Antonio de Benagéber y a Rehoboth, un centro de baja exigencia para transeúntes.

   Al igual que unos meses atrás, me entró miedo de servir a personas desconocidas. Además, al principio me costó reconocer en esos ancianos y transeúntes personas de la misma “categoría” que yo. Algunos de los ancianos estaban ya muy deteriorados, otros lloraban, gritaban, otros te hablaban de sus padres... Con los transeúntes la primera impresión fue similar: personas con las miradas perdidas, algunos que decían cosas poco coherentes...Me costaba no verlos como personas diferentes a mi.

   Pero, en la residencia, conforme pasaba las horas con alguien que te contaba sus recuerdos de joven o bien que los hijos no habían ido a verle, les iba tomando más cariño. Carmen, Amparo, Visi, Llanos, Amalio, Trini, Luisa, José y Carmen, “ la famosa” Paquita...Todos estaban contentos de que pasáramos un rato con ellos, acompañándolos.

   Quizás, el segundo servicio con los transeúntes fue el más difícil para mi. Resultaba duro ver a tanta gente que se refugiaba del frío entrando en Rehoboth. Algunos al verte te saludaban y otros ni te hacían caso concentrados en su café o en la película...Unos porque habían perdido el trabajo y no podían volver a sus países, otros porque se encontraban en una situación irregular... Todos eran personas “anónimas” que no tenían a dónde ir.

   Rehoboth es un lugar para todos. El único requisito que existe para entrar en él, es el de respetar al prójimo. No se les pide documentación alguna. Allí pueden tomarse un café, comer algo, ducharse, recoger su ropa limpia...Pero lo que ellos valoran más en Rehoboth, es que te acerques a charlar un rato, que los escuches, que no te apartes de su lado, que no temas darles la mano... En definitiva, el que los trates como a cualquier otra persona más.

   Recuerdo que a última hora del domingo, a punto de cerrar Rehoboth, acudió Tomasso, un italiano que venía pidiendo algo de ropa gracias a que un amigo lo había traído...Era nuevo, y lo primero que quiso enseñarme al llegar fue una fotocopia sucia y rota de su documentación...Me vino a la cabeza pensar que si alguna vez perdía ese papel, Tomasso dejaría de poderse identificar. Aunque no le pudimos dar calcetines limpios porque ya no quedaban, él se puso muy contento al recibir ropa interior, una camiseta y un jersey para poderse abrigar mejor. No quería cogerlo, me decía que quería dejarlo para otro compañero a quien le pudiera servir más, y sin embargo, ¡ él no llevaba casi nada de abrigo!. Cuando se marchó, me besó la mano diciéndome: ” Muchas gracias señora, muchas gracias!” Seguro que años atrás Tomasso no se habría imaginado el que podría terminar en la calle. Pensé: “Él es alguien igual a mi.” Me avergoncé de poder haberme sentido superior a él y entonces, agradecí a Dios el haberme mostrado a todas estas personas desconocidas a quienes pudimos ayudar un poco.

   Creo que el Campo de Servicio nos sirvió para acercarnos un poquito más a Dios... desprendernos de nuestros miedos, emplear las cualidades y las gracias que Dios nos ha regalado sirviendo a los que menos tienen... En definitiva, nos sirvió para ayudar a construir un mundo mejor.