| En la tarde del jueves,
30 de octubre, fuimos convocadas todas las Hermanas jóvenes
de las Provincias de Granada y Sevilla en la Casa Provincial de
ésta última para compartir unos días de encuentro
y reflexión en los que nos propusieron "tejer la vida".
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A lo largo de la tarde, unas y otras,
fuimos llegando de forma escalonada. La acogida sencilla y gozosa
por parte de la Comunidad y de las que iban formando el grupo
cada vez más numeroso nos hizo presentir desde los primeros
momentos, que serían días fructíferos y fraternos...y,
por supuesto, no nos equivocamos. En el último encuentro
de la noche, en la capilla, el Señor nos lanzaba un sereno
mensaje: "si quieres conversar, yo te escucho siempre"
y con la paz que siempre provocan sus palabras nos fuimos en busca
de las sábanas con deseos de iniciar el nuevo día.
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| Y comenzamos la mañana del
viernes retomando estas palabras del Señor, uniendo nuestras
voces para alabarle en la oración de Laudes y sentir su presencia
entre nosotras. Y con el desayuno, preparado con detalle y cariño,
terminamos de cargar nuestras pilas para iniciar la jornada de reflexión
y trabajo. |
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El P. Fermando del Castillo
nos acompañó durante los dos días, ayudándonos
en la apasionante tarea de ir tejiendo nuestra vida entrelazando
los hilos de nuestra identidad personal y nuestra pertenencia a
la Comunidad. Juntas, a través de dinámicas y diálogos
compartidos, fuimos eligiendo los colores que daríamos a
nuestro tapiz, que variaban según los valores con los que
nuestro corazón escogía vivir; le fuimos dando forma,
según el boceto que libremente habíamos optado; aprendimos
a detenemos para damos cuenta y corregir nudos, a deshacer el camino
andado para cubrir algún que otro agujero, y saber aprovechar
estas ocasiones como oportunidades para crecer y madurar. |
Y los colores de nuestra identidad
se fueron mezclando poco a poco con los de los que nos rodean, especialmente
con los de la Comunidad a la que pertenecemos consiguiendo así
tapices cada vez más variados y entrelazados según
el grado de afecto y cohesión, sostenidos en su base por
quien nos ha llamado y reunido: el Señor.
Tuvimos la oportunidad de presentarle al Señor, en la Eucaristía
diaria, nuestra vida, nuestras comunidades. . . nuestros tapices,
que entrelazados unos y otros dan forma, contenido y colorido a
la Compañía a la que nos sentimos dichosas de pertenecer;
y, con todo esto, nuestras ilusiones, nuestros esfuerzos y nuestros
deseos de ser hilos que, guiados por el Señor y precedidos
por muchos otros que nos muestran el camino, den continuidad al
proyecto de amor que Dios tiene pensado para todos nosotros.
Desde aquí damos las gracias
al Señor y a todas las personas que nos proporcionan estos
espacios de encuentro y formación, a las comunidades que
nos acogen, a quienes dedican su tiempo a preparar los temas, a
quienes nos acompañan en su desarrollo, y a las comunidades
a las que pertenecemos por su entrega generosa que facilita nuestra
participación. Esperamos y deseamos que sea fuente de riqueza
para todos y redunde en un mejor servicio a los Pobres. |
Las hermanas jóvenes
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