CURSILLO DE HERMANAS EN FORMACIÓN INICIAL (sept.2005)

¿Qué mejor forma de prepararse a la entrañable fiesta de
San Vicente, que ahondando en las fuentes de nuestros orígenes, para descubrir
las claves de la espiritualidad de nuestros Fundadores y sus enseñanzas
para Hoy?.
Con este tema "de fondo", las Hermanas en Formación Inicial en la Misión nos hemos reunido en Ávila, de los días 21 al 25 de Septiembre. Como siempre, estos encuentros son ocasión de alegría, de compartir recuerdos de otros buenos momentos vividos, y sobre todo, de dar gracias a Dios por el don de nuestra vocación.
En esta tierra de "cantos y de santos", a la sombra de "la
Santa", la gran Teresa de Jesús, nos hemos puesto "manos a
la obra" para tratar de "dibujar" el perfil de la Hija de la
Caridad para este siglo XXl, que todavía estamos "casi" estrenando.
Y a esto iba a ayudarnos Sor Mª Carmen
Rodríguez, gran conocedora
de San Vicente y Santa Luisa, quien compartiendo su propia experiencia de vida
como Hija de la Caridad, nos estimuló desde el comienzo de este encuentro,
a la reflexión personal, para luego compartir en un diálogo abierto
y sincero, los interrogantes, las inquietudes, los proyectos y los retos que
experimentamos en nuestro caminar diario. Estamos convencidas de que sólo
lo que somos capaces de interiorizar, nos hace crecer y nos ayuda a vivir en
profundidad, en "hondura" humana, espiritual y vicenciana, descubriendo
qué papel juega el Espíritu Santo en la vida de cada una de nosotras,
de nuestras Comunidades y de la Compañía.. Y es que la espiritualidad,
como respuesta a través del tiempo y del espacio, a este estilo concreto
de vivir el Evangelio, que es el nuestro, se va construyendo día a día.
Para esto, Sor Mª Carmen nos ofrece unas pistas con las que entrar en
las claves de nuestra espiritualidad, y que nos pueden ayudar a encontrar la
manera más adecuada de vivir en el tiempo presente para seguir
encarnándola
hoy con el mismo "fervor" con que lo hicieron nuestros Fundadores
en la hora histórica que les tocó en suerte vivir. Con una invitación
a los orígenes, comenzamos nuestra andadura...Un volver a los orígenes
que no consiste sólo en buscar en los documentos, sino, fundamentalmente,
en la preocupación constante de "reajuste" con la actualidad
que nos envuelve. El "fruto" de la Tradición de la Compañía
tiene que ordenarse al hoy, lo que nos exige una búsqueda lúcida,
sin desalientos, de los medios que nos la posibiliten, porque " vivir
con un espíritu capaz de evolucionar significa comprometerse con toda
la ambición posible y sin ninguna reserva, en la realidad presente,
y sin embargo, saber abandonarla y dejarse llevar hacia un futuro nuevo cuando
llega el tiempo oportuno"...
"Somos Hijas de la Caridad y ese nombre se os ha dado para que permanezcáis
en el primer espíritu que Dios ha dado a vuestra Compañía
desde su cuna"..."Manteneos, pues, en el estado en que Dios os ha
puesto; procurad conservar siempre vuestro primer espíritu de humildad,
sencillez y caridad...". Estas palabras las pronunciaba San Vicente el
8 de agosto de 1655 a las primeras Hermanas; hoy, más de tres siglos
después, ¿seguimos sintiéndolas con la misma intensidad,
con la misma fuerza que las sintieron aquellas que las oyeron de labios del
mismo Vicente?.¿Sentimos la urgencia del esfuerzo por vivir en fidelidad
este espíritu?. ¿Nos arde el corazón con el fuego del
espíritu que quemaba a los Fundadores y que nos lleva a encarnar, como
ellos, también hoy, la humildad, la sencillez y la caridad en todas
las dimensiones de nuestra vida, siendo los apóstoles de la caridad
que Vicente y Luisa soñaron para sus hijas?.¿Cómo vivir,
entonces, en este momento actual en el que nos encontramos estas virtudes de
nuestro espíritu para que la savia que nos da vida, se vigorice, se
revitalice, y seamos signo real y profético, señal de que la
Buena Nueva de Jesús, después de más de 2000 años,
sigue siendo ofertada no sólo a los hombres de buena voluntad, sino
especialmente para " éstos los más pequeños",
es decir, para
los pobres, los más pobres?.
De las respuestas que demos a estos interrogantes dependerá la validez ese perfil que queremos que sea el que nos defina como Hijas de la caridad de este nuevo siglo. Perfil concreto, "diseñado" con las ricas y múltiples aportaciones de cada Hermana, dadas desde la experiencia personal de su entrega diaria a Dios, en Comunidad, para el servicio de los Pobres.
Estar en el mundo sin ser del mundo es duro y difícil. Es una tarea, fruto de la "respuesta de amor a una llamada de amor"; vocación que se madura en el día a día, en el aquí y ahora de cada una, y que nos exige estar alertas y despiertas para saber descubrir e interpretar todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
En nuestra reflexión personal y de grupo, hemos tenido la ocasión
de profundizar todo esto apoyándonos
en algunas conferencias de San
Vicente, leídas, meditadas e interiorizadas con criterios actuales.
Y es que en ello nos va mucho, porque o tomamos en serio "las cosas del
Espíritu" o nuestra vida no tendrá consistencia alguna y
dejará de ser significativa para el hombre de nuestro tiempo. Vivir
en fidelidad este espíritu es cuestión de cohesión interna,
de autenticidad, de fidelidad a una llamada muy concreta y específica
de Dios. Como nos decía Sor Mª Carmen, hemos de ser "made
in...". o sea, que hemos de tener "a la vista" nuestra impronta
de Hijas de la Caridad, nuestro "sello" particular que nos identifique
como lo que verdaderamente somos.
Desde la apuesta de la Compañía, la opción preferencial
por los Pobres, nuestro campo de acción es el mundo, la sociedad en
la que vivimos hoy, como lo fue la de san Vicente y santa Luisa en el s XVll.
Ellos
tuvieron una visión concreta de Dios y del Pobre y supieron dar
respuesta a las cuestiones sociales que descubrieron desde una perspectiva
muy particular: la persona de Cristo en el pObre. Desde esta visión
se nos propone, hoy también, que el mundo, la sociedad, el hombre y
su "humanidad" sigan siendo el medio donde se desenvuelva y desarrolle
nuestra vida, nuestro lugar de encarnación.
Si los Fundadores supieron iniciar un proceso para dar una clara respuesta, rápida y eficaz a las necesidades que iban surgiendo, desde una sensibilidad exquisita por los Pobres, las Hijas de la Caridad, a lo largo de su historia, han sido constantes, creativas y audaces para continuar valientemente por ese mismo camino que ellos iniciaron.
Nuestra opción por los Pobres en un momento histórico
tan convulso y complejo, ¿cómo y donde la vivimos?.
La clave para vivirla en la dimensión espiritual vicenciana
está en introducirnos en el paradigma que
Vicente Y Luisa
nos trasmitieron con sus palabras y sus obras: un amor profundo a
cristo encarnado.
¿Qué significa hacerse carne?. En Jesús encarnado la vida adquiere un sentido y desde ahí, Él salva al hombre, a todo hombre, a todos los hombres.¿Qué puede significar hoy la encarnación?. ¿Cómo llegar a Dios desde la fragilidad del ser humano?. Desde la humanidad de Jesús. En Él, Dios nos está diciendo que no hace falta salir de lo humano para ir a su encuentro.
Nuestro encuentro con Dios acontece en la humanidad, y sobre todo, en la humanidad sufriente., en el tiempo concreto de nuestra historia personal y desde nuestra propia humanización, la de cada una, experimentando a ese Cristo encarnado en los hombres. El mundo, la sociedad, los Pobres en definitiva, esperan de nosotras que seamos el Cristo encarnado que les trae la salvación.
Desde nuestra espiritualidad vicenciana se nos invita a descubrir
la presencia del Espíritu Santo en la vida
real, sin evadirnos
de ella. Debemos vivir íntegramente nuestro compromiso, estando
en el mundo sin dejar atraparnos ni diluirnos en él, viviendo
la humildad, la sencillez y la caridad con el mismo "frescor" que
los hicieron San Vicente y santa Luisa, pero con las concretizaciones
que les da el vivirlas en nuestro siglo. Hoy se mantienen los mismos
criterios del principio; podemos decir que hasta hoy no nos hemos
dejado llevar por ningún tipo de presión externa que
nos alejara de nuestro ideal vocacional.
Los Pobres han sido los más exquisitamente tratados por la delicadeza de Jesús. Las Hijas de la Caridad nos esforzamos por avanzar en este camino en nuestro seguimiento de Jesús. Somos consciente de que delante de Dios nada podría justificarnos para dejar de servir al Pobre. Es este servicio al Pobre el que pone la firma a nuestro "carnet de identidad" como Hijas de la Caridad.
San Vicente nos recuerda que " sois unas pobres Hijas de la
Caridad que os habéis entregado a Dios para
servir a los Pobres". "Buceando" en
sus conferencias y a la luz del Espíritu, que todo lo hace
nuevo, descubrimos aquello que nos ofertan hoy la humildad, la caridad
y la sencillez.
Estas virtudes siguen hoy cuestionando fuertemente nuestro ser, nuestra persona, nuestra identidad, para descubrir dónde estamos y hacia dónde queremos ir, descubriendo la realidad y dando respuesta a sus necesidades, aprendiendo a vivir "a la intemperie", afrontando los problemas y las dificultades que se presentan como consecuencia de los rápidos, y a veces desconcertantes cambios que la sociedad y el mundo vienen experimentando, sobre todo desde el s.XlX, y a los que la vida consagrada no es ni puede ser indiferente.
El revisar nuestro estilo de vida no nos viene dado sólo
por los imperativos de la sociedad actual y en la
que cada vez nos
sumergimos más, sino que hemos de aceptarlo como una tarea
diaria. No siempre hemos sabido interpretar la secularidad de la
Compañía, que tiene en el mundo y en la Iglesia su
propio camino de santificación, que nos es otro que encarnarse
en las situaciones de pobreza desde el descubrimiento de Cristo en
el Pobre y del Pobre en Cristo.
Esta secularidad nos habla de ponernos en actitud de apertura ante el mundo. Reivindicar hoy la secularidad de la Compañía es cuestión de fidelidad a lo que quisieron los Fundadores, y no por rebajar las exigencias evangélicas que conlleva el proyecto de la Compañía. Está llamada a vivir en el mundo sin ser del mundo, sin dejarse influenciar por los criterios del mundo.
De lo contrario perdería su condición de ser sal
que de sabor evangélico y levadura que transforme la masa.
He aquí un gran reto: ser seculares sin secularizarnos. La
vida consagrada exige de nosotras un
discernimiento profundo para
vivir esta secularidad, y sobre todo, para evitar el inmovilismo.
La creatividad y la audacia han sido siempre características de la Compañía y no deben ser frenadas con un "siempre se ha hecho así". La secularidad de las Hijas de la Caridad hace referencia a Cristo y a la Iglesia, de la que formamos parte. La secularidad de la Compañía requiere comprender y vivir el servicio a los Pobres no como una simple tarea apostólica, sino como expresión privilegiada de la entrega a Dios. Urge, pues, redescubrir y potenciar la mística del servicio y la espiritualidad de siervas, para posibilitar una verdadera inmersión en el mundo lo más parecida posible a la de Jesús en su encarnación, porque el Reino sigue creciendo a través de la historia...¡Seamos soñadoras y dejemos correr la imaginación profética...!
Terminamos estas intensas jornadas con unas pistas concretas que nos ayuden a "ultimar" ese perfil que comenzamos a construir el primer día.
Todas estas reflexiones y este compartir de experiencias, han llenado plenamente estos días, dándoles una gran densidad humana y espiritual. Y para que realmente este trabajo de profundización tuviera "hondura" y se sostuviera en un fuerte "ARMAZÓN " de hierro, nos hemos ayudado de momentos de oración, con "liturgias vivas y festivas", donde comunicar nuestra experiencia de fe.
Y como no podía ser menos, un paseo por la ciudad amurallada y una visita a los lugares con "sabor teresiano" nos han permitido disfrutar de agradables momentos de fraternidad.
Si "el hombre tiene el tamaño de aquello que se atreve a hacer", atrevámonos a soñar esa Hija de la Caridad del S.XXl capaz de transformar el mundo desde el testimonio de la alegría de haber sido llamadas "por todo un Dios", sabiéndose instrumento del espíritu, y conservando "contra viento y marea" su propia identidad".
Una vez más, un sincero agradecimiento a quienes preparan con tanto esmero estos encuentros y que siguen acompañándonos en nuestro caminar vocacional. ¡Feliz fiesta de San Vicente!.