| Y es que ante la realidad que
nos toca vivir (social y comunitaria) parece que la vida, que
nuestra vida se ha convertido más que en un proyecto
esperanzador de lucha y cambio en una rutina aplastante, en
un arrastrar la vida como se pueda. Se ha convertido más
que en saborear la vocación tan apasionante a la que
el Señor nos ha llamado, en un hacer las cosas por pura
inercia, en hacer normales las cosas que no son normales porque
no estamos llamadas a ellas. Unos les llaman crisis del Espíritu,
otros que la religión hoy ya no es significativa. Y ante
este planteamiento no nos queda más que SOÑAR,
y no por escapar o huir de la realidad, más bien porque
el sueño nos traslada al mundo de lo posible, quizás
a largo plazo, pero nos empista y empuja a convertirnos en luchadoras,
nos empuja a buscar soluciones y caminos por dónde andar,
el sueño nos interpela para que seamos fieles a ese proyecto
que Dios tiene para cada una de nosotras. ¿será
posible?
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Nuestros fundadores soñaron
una compañía que ni siquiera imaginaron lo
que hoy es, pero sí tenían claro cómo
querían
relacionarse con Dios, ellos hicieron una lectura del Evangelio,
miraron al Cristo Evangelizador, al Cristo servidor de
los pobres. Este fue el legado precioso que nos dejaron
a nosotras Hijas de la Caridad, el cual soplen los vientos
que soplen, no hemos de perder de vista, y el cual nos
sitúa en el mundo desde
esta perspectiva. Y para hacer que este sueño hoy siga
siendo nuestro sueño, hoy siga siendo el Espíritu
Vicenciano que nos legaron los fundadores podríamos
hacerlo desde las siguientes perspectivas:
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Acoger
la tradición no como peso de una estructura inamovible
que hoy ya no es significativa, sino como la vivencia profunda
que vivieron las primeras hermana con sus acciones individuales
reflexionadas y compartidas, y estas acciones indudablemente
insfluyeron en la sociedad que les tocó vivir y a
la que transformaron.
Esta acogida la haremos desde
una reflexión profunda y un encuentro positivo con la
tradición.
Volver a los orígenes, para renovarnos, hacernos nuevas
y estrenar, para ello hemos de saber lo que nos convoca. Conocer
y comprender el proyecto inicial releido y comprendido en nuestro
tiempo para comprender a la compañía hoy, conocer
las transformaciones acaecidas en la sociedad y la Compañía.
Es decir traducir el Espíritu en los orígenes
comprendiendo la realidad jurídica de la Compañía
(estatutos, reglas, etc) y desde el estilo de vida que nos
caracteriza: servir a los pobres con unas virtudes muy peculiares. |
Trabajar en la virtud: es un planteamiento habitual y no ocasional
que descubre en su conjunto una imagen de mujer redimida por
Jesucristo, es una disposición habitual y firme para
hacer el bien, es una dinámica interior que me lleva
a tomar postura siempre para lo bueno. Por tanto la virtud es
activa y cambia la historia.
Entender hoy la humildad. Habría que hacerlo en primer
lugar clarificando los falsos equívocos que ha habido
sobre ella, hoy sería entendida como la perfección
de la vida cristiana, la vida vivida en referencia a Jesús
de Nazaret.
Por tanto nos podríamos acercar hoy a la humildad desde
la relación que cada persona mantiene con Jesucristo
(“es necesario que El crezca para que yo disminuya”),
y ajustando nuestra vida a la de Jesús, lo que hará
cambiar mis intereses, mis deseos, mis gestos... porque se mirarán
desde otra perspectiva.
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Si somos capaces de vivir así
la humildad se nos abrirán nuevos horizontes, el de la
libertad, nos hará discernir las propias propuestas,
tendencias y sentimientos; nos abrirá a la solidaridad,
a querer estar en las parcelas marginales y con los crucificados
del mundo; nos abrirá al diálogo fecundo, sin
imponer ni utilizar; nos abrirá a la audacia, nos llevará
a preguntarnos interiormente hasta dónde y hasta cómo.
Entender hoy la sencillez. Lejos de la apatía reinante
y el vivir desde lo superficial la sencillez es un modo de ser
y estar con unas características especiales que son apertura,
transparencia, claridad, luminosidad, autenticidad, verdad y
rectitud de intención. La sencillez nos abre a ser personas
integradoras, tener claros los criteros; nos abre a la autenticidad,
nos relacionemos con quien lo hagamos lo haremos en coherencia;
nos abre a la continua búsqueda personal y comunitaria,
alejadas de la instalación; a la experiencia de sentirnos
amadas, saber recibir y dar afecto; a la solidez, firmeza y
confianza en nosotras mismas.
Entender hoy la palabra tan manipulada, el amor. hay que diferenciar
la caridad de la solidaridad, la caridad está en otro
orden que entendieron muy bien nuestros fundadores, amor efectivo
y afectivo. el amor nace de Dios, de la fe, de sentirnos amadas
por Dios que nos llevará ha referir todo lo que hagamos
directamente en el amor que tengamos a Dios. El amor se establece
en lo cotidiano y nuestro sitio está entre los pobres,
la caridad nos llevará a cambiar estructura, a vivir
la vida comunitaria sin juzgar, sin criticar, aceptando la corrección
fraterna; la caridad nos llevará a entregarnos en gratuidad
y con generosidad; la caridad nos llevará a regalarnos
a nosotras mismas.
Este es en definitiva nuestro Espíritu,
el carisma fundacional que nunca hemos de perder de vista aunque
haya que ir cambiando estructuras, mentalidades, formas de hacer
las cosas que antes fueron válidas y que hoy no son significativas.
¿por qué? ¿cambiar por cambiar? No, cambiar
porque queremos seguir siendo significativas al mundo de hoy,
al mundo donde servimos, porque si queremos que nos entiendan
tenemos que usar los mismos lenguajes, sin perder como he dicho
ante la identidad o el Espíritu.
Lo reseñado anteriormente en síntesis,
ha sido el trabajo que durante los días del 6 al 8 del
pasado febrero las hermanas jóvenes de la provincia de
Sevilla y Granada estuvimos realizando en Sevilla en uno de
los encuentros de formación que nos facilita la comunidad.
Nos acompañó Sor Carmen Rodríguez, HC de
la provincia de San Vicente que nos impulsó, nos empistó
e infundió ganas para trabajar con todas nuestras fuerza,
y llegar a ser esas Siervas de los pobres que intuyeron nuestros
fundadores y a lo que Dios llama cada día a ser a cada
Hija de la Caridad.
La conclusión de todo lo trabajado lo
hicimos componiendo por grupos una canción, las letras
y la coreografía fueron de lo más originales,
unas con tonos de humor y otras más serias, había
de todos los gustos. Aportamos una con una música muy
escuchada en este último año, color esperanza. |
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