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LA GENESIS DEL PROYECTO: CALOR Y CAFE
La gestación de este proyecto,
que ha culminado felizmente, ha sido larga y dolorosa. En el principio
estaba Sor Sabina Bacaicoa.
Cuéntame, Sor Sabina, cómo empezó
todo
Yo
experimentaba el peso y el dolor profundo de los pobres, tal como
lo siente una Hija de la Caridad, al estilo vicenciano: no como
lamento, sino como impulso, no como algo que paraliza, sino como
incentivo para la creatividad. Cada noche de invierno, después
de la cena, en la Asociación Leonesa de Caridad, se repetía
la operación manta. Seis, ocho, hasta diez mantas eran repartidas
entre los que pernoctaban bajo las estrellas, con temperaturas de
8, 9 y hasta 10 grados bajo cero en las gélidas madrugadas
leonesas. Todo sin solución.
Pero en León, hay un Albergue de Transeúntes, un Hogar
con permanencia más estable...
En el Albergue,
sólo pernoctan tres días y no pueden repetir antes de
tres meses. El Hogar, tú lo dices, es para estancias más
largas, está dedicado a proporcionar comida y techo a personas,
que admiten entrar en algún programa de promoción, dentro
o fuera del propio hogar.
Estas personas que permanecen en la calle día
y noche, hombres, en su mayoría, son como un reducto, refractario
a todo esfuerzo de integración social. Sin motivaciones, con
la voluntad inactiva, viven ¿felices? en ese submundo. Entienden
la libertad como el ejercicio pleno de la esclavitud a sus propias
carencias, a sus nulos esfuerzos. En general han sido mal tratadas
por la vida y con un cierto deterioro psicológico. Por supuesto,
carentes o con un desarraigo total de la familia.
O sea, son irrecuperables desde lo que nosotras entendemos como integración
social.
Sí,
lo son; el solo hecho de someterse a un horario, a unas mínimas
normas de higiene, etc., les produce rechazo, pero siguen siendo
personas y la oferta, ha de ser de acuerdo con lo que ellos demandan.
Llegamos a contar en el comedor hasta diez fijos, además
de otros que de forma esporádica, dormían en la “pensión
de la estrella”: acurrucados en entrantes de garajes, en naves
abandonadas, en casas semiderruidas, donde dejaban durante el día
la manta, que a la noche siguiente estaba mojada por la escarcha
o por la lluvia, o se la habían robado...
Y, claro, no teníais mantas para reponer.
Sí,
sí, jamás nos faltaron mantas para dar. A principio
de invierno parroquias, particulares.., nos proporcionaban mantas
en abundancia. Pero la manta no era la solución. Lo comenté
con Francisco Martínez de la Torre, presidente de la Asociación
de San Vicente de Paúl. No podía creer que tanta gente
pasara las noches en la calle. Comenzó a mantener conversaciones
con Cáritas, con el Ayuntamiento, con la Policía...
Esta última no estaba de acuerdo. Ellos patrullaban y no
veían tanta gente a la intemperie, parecía una exageración
Los pobres no se exhiben, se repliegan, más bien ¿no?
Claro, precisamente
donde duermen los pobres, no hay patrullas de policía. Estos
no hacen ruido. También se comentó en las reuniones
conjuntas de la Familia vicenciana y se empezaron a dar pasos, que
parecía iban a dar un feliz resultado, pero no fue así.
Lo que se proponía era un simple local, caliente,
con unas butacas, abierto a todo el que llegara, al que se le proporcionaría
un café caliente y una butaca para descansar. Por supuesto,
sin exigencia de hora de entrada, sin formalizar ficha de ningún
tipo, ni pedirles documentación; solamente respeto al silencio
de la noche, para facilitar el descanso de todos. Lo mínimo
del programa llamado: CALOR Y CAFÉ.
La Concejala de bienestar Social del Ayuntamiento
de León, sensible a la situación, se ofreció
a colaborar. Por este tiempo el Ayuntamiento tenía los locales
de una antigua Guardería, totalmente infrautilizados y se propuso
que podía ser ese lugar, con unos mínimos arreglos.
También el Ayuntamiento estaba dispuesto a proporcionar un
vigilante nocturno. Cáritas, los Franciscanos Capuchinos, la
Familia vicenciana..., la Asociación Leonesa de Caridad, estudiaron
las formas de colaboración..., pero de pronto como en el cuento
de la lechera, el cántaro se rompió.
¿Por
qué?
El
Director de uno de los grupos implicados en la atención a
transeúntes, comenzó a ver gigantes, en lugar de molinos
de viento... De tal manera fue influenciando, que el proyecto se
resquebrajó y se vino abajo. Hace de esto alrededor de tres
años.
¿Todos
os retirasteis resignados?.
No,
no hubo resignación, simplemente aceptación de unos
hechos. Por parte de los Grupos sensibilizados: Cáritas,
los PP. Franciscanos, la Familia vicenciana, la Asociación
Leonesa de Caridad, continuaron los intentos. En ese tiempo cambió
la Concejala de Servicios Sociales y la nueva ya no fue tan fácil
a la colaboración.
Tres años de lucha, suponen mucha constancia y mucho convencimiento
en torno al proyecto.
Estábamos
convencidos. Dentro de la Familia vicenciana no hubo fisuras y siempre
el deseo de seguir adelante. Así que, las solas fuerzas de
Iglesia, comenzamos a buscar soluciones por nuestra cuenta. Nada perdíamos
con el intento... Si no cuajaba, nos retirábamos, sin más.
Así seguisteis caminando y por fin...
Esto mejor te
lo cuentan ya los que han intervenido en la fase final, por ejemplo
Sor Consuelo Bujidos, Responsable del Hogar de San Vicente.
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