
Lo cierto es que nos apuntamos a la Pascua de un modo impulsivo. Nunca habíamos vivido una experiencia como esa y la emoción del momento nos pudo. Dos semanas mas tarde estábamos arrepintiéndonos… quizás la Pascua no iba a ser como los campamentos, a lo mejor iba a ser un aburrimiento… Teníamos dudas sobre lo que nos íbamos a encontrar, pero Sor Nieves nos animó a ello y a seguir adelante.
De este modo, el día 31 de marzo (miércoles santo), con las maletas ya hechas llegamos a la estación y allí conocimos a los demás jóvenes de nuestra provincia. Solo serian una parte de la fantástica gente que encontraríamos allí. Al llegar a Navalperal, nos encontramos con una grata bienvenida y con una acogedora casa. Lo cierto es que no sabíamos nada de lo que se iba a hacer ni de cómo serian los próximos cuatro días. Si que nos enteramos de que era la primera vez que se hacia una pascua interprovincial, y que la ilusión por este proyecto era inmensa, pues los últimos años las Pascuas juveniles habían perdido participación y por fin se reunía un grupo grande.
La gente realmente nos sorprendió, conocimos otros chicos y otras chicas como nosotras, con las mismas intenciones y los mismos propósitos, que nos ha empujado a seguir adelante y a vivir el cristianismo más profundamente. Los días que pasamos allí pudimos convivir, compartir, aprender a no prejuzgar, a tolerar… Tuvimos momentos de reflexión, momentos de profundización, a nosotras, al menos, nos dio tiempo a pensar en todo lo que quisimos, a replantearnos las cosas, a verlas de otro modo.
Verdaderamente, la Pascua nos impresiono, ni fue como los campamentos (la temática completamente distinta), ni fue aburrida. Fue una experiencia interior y a la vez para compartirla con los que nos acompañaban. Nunca nos habríamos imaginado que “una Pascua” pudiese llegar a marcarnos tanto. Y de otra cosa no, pero de que repetiríamos la experiencia y de que animaríamos a ello, no nos queda ninguna duda.
Isabel González Rodríguez y María Robles Rodríguez
JMV - Villaobispo (León)
