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Las primeras palabras de este informe que sean de saludo
cordial, lleno de buenos deseos y agradecimiento a los distintos Centros
de la Provincia que formamos la Familia Vicenciana.
No me resisto a la tentación de dar las gracias de una manera
especialísima a las que desde lejos, (Barcelona, Alicante
y Badajoz) aportaron su granito de arena para hacer posible este
encuentro, e impulsar nuestra labor. Significa que valoran la unión,
la coordinación de toda la Familia Vicenciana (PP. Paules,
Hijas de la Caridad, A. Medalla Milagrosa, Voluntarias, Asociación
San Vicente de Paúl y J.M.V.)
A lo largo del año, tuvimos que hacer varias gestiones para
hacer posible de la forma más cómoda, este IV encuentro
de toda la Familia Vicenciana de la Provincia y de todas aquellas
que quisieron participar. Por ser Año Santo, parecía
obligado. peregrinar hasta el Apóstol Santiago. La fecha programada,
fue el 15 de Mayo.
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Por diversos caminos, fuimos llegando, aproximadamente
a la Catedral, a la hora prevista:10'30 de la mañana. Nos
cruzábamos sonrisas de saludos, único medio de decirnos
tod@s, estamos aquí. Imposible moverse. Por una parte, estaban
acordonados los pasillos; por otra los vigilantes, te controlaban
y no te dejaban mover. La Catedral de bote en bote. pero tod@s nos
encontrábamos satisfech@s de haber llegado a sus pies, desde
sus respectivos lugares. Algun@s pudieron conseguir asientos; otros
esperando más de una hora en la cola para poder dar el deseado
abrazo al Apóstol Santiago. Tod@s interiormente nos decíamos:
Gracias Señor Santiago, por haber llegado con bien.
A las 11 dio comienzo el Acto Penitencial. Todos tuvimos ocasión
de acercarnos a recibir el Sacramento de la Penitencia. Una de las
condiciones exigidas para ganar la Indulgencia del Jubileo. A las
12 en punto, comenzó la Eucaristía del Peregrino, en
la que participaba toda la Familia Vicenciana. Nada más comenzar,
la Delegada de las Voluntarias, Mª José Cuervo de Gijón
leyó la ofrenda al Apóstol, en representación
de toda la Familia Vicenciana. En la Catedral le habían reservado
un lugar de preferencia, desde donde comenzó, con voz firme,
aparentemente serena y con la sencillez que le caracteriza, reconocía
haber aprendido mucho del Apóstol. Dijo así: |