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mes de mayo es un hito en la historia del Hospital. Cada año
es como un estreno. Se hace las mismas cosas, pero nada es igual. El
calendario de actividades pastorales, lo tiene incorporado, con la
fuerza que le da la participación total de todo el equipo del
Centro, pero quizás quienes lo viven con mayor intensidad son
los residentes. Ellos reviven los años en que la devoción a María,
la manifestaban, honrándola de una manera especial en este
mes: banderas, versos, procesiones, cantos, flores... Todo lo rememoran
y cada uno aporta en la medida de su saber. La memoria se refresca
y facilita la participación en cada uno de los actos organizados.
La devoción a María está muy arraigada en la
vida de los residentes. Por ello, se preparan con cariño y
esmero los diversos actos que se celebran en su honor. Este año
se puso especial énfasis en el comienzo y el final del mes;
la procesión de la Virgen, portada a hombros por los residentes,
llenó de alegría los jardines, en plena explosión
primaveral de flores. Durante la procesión, el rezo del rosario,
resonaba entusiasta y fervoroso.
La
procesión del último día finalizó con
una preciosa ofrenda floral y bellísimas poesías recitadas
por los residentes. El broche final fue la coronación de la
Virgen, con las doce estrellas y una petición en cada una
de ellas.
Esto fue el principio y el fin, pero todos los sábados, había
una celebración más íntima. En cada planta los
y las residentes preparaban el rezo del rosario con cantos y ofrendas
de poesías. La avanzada edad y los impedimentos físicos
de la mayoría de ellos no son obstáculo para expresar
su gran devoción hacia aquélla a la que sienten como
Madre e intercesora ante Dios.
Es una actividad pastoral, llena de espontaneidad y vida, que nos
estimula a los no tan mayores y nos invita al recuerdo de la Madre
buena. Todos ganamos durante el mes de mayo. Creo que nuestra fe
sale robustecida, con esta devoción popular, expresada de
manera tan sencilla como convencida.
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