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JORNADAS DE FORMACIÓN: HACIA LA ASAMBLEA GENERAL

AFINANDO INSTRUMENTOS

Las Jornadas de Formación de los días 5 y 6 de Abril, en la Provincia de Barcelona, han ocupado un acertado espacio, a medio camino entre las Asambleas Domésticas y la Asamblea  Provincial. Jornadas propicias para empezar a templar los instrumentos que conformarán el concierto festivo de la primera quincena de Agosto.

AfinarAfinar instrumentos es todo un arte… requiere atención, silencio, buen oído y, si es preciso, la ayuda de otro instrumento para captar la nota precisa y evitar disonancias o desentonos extraños. El timbal ha de saberse complemento y no sustituto de las cuerdas prima y segunda de la guitarra, de la misma manera que una voz estridente no puede apagar la plegaria melódica del conjunto instrumental.
Afinar el corazón, con toda la carga que conlleva esta expresión, es tarea algo más compleja; se trata de una puesta a punto en espacios donde se prodiguen el silencio y la escucha, los interrogantes y las ganas de responder. Momentos expresos donde se contraste la escasez de nuestro haber con la magnanimidad del Dios que nos acoge y pide algo…

Creo, sinceramente, que las Jornadas han constituido un marco adecuado para percatarnos un poco más sobre lo que supone estar en “tiempo de Asambleas”, es decir, “en tiempo de Dios”. La inestimable ayuda del P. Javier, Director General de la Compañía, ha motivado nuestras voluntades a seguir profundizando en el sugestivo tema que tenemos entre manos: “Profecía y Esperanza”. Su palabra, segura y convincente, ha logrado suscitar Padre Javieren nosotras un sinfín de interrogantes a los que habrá que dar respuesta con audacia y valentía. Debe ser así, porque, el Profeta, instrumento afinado en manos de Dios, porque de Él salió y a Él se debe, está llamado a representarlo con todas las formas de lenguaje de que disponga.

He de reconocer la gran dificultad que tengo para hacer un resumen de lo que, en dos días, nos dijo el P. Javier. Intento, solamente, ir haciendo memoria y dejar constancia de mi  eco personal y del que capté entre las Hermanas en un ambiente distendido y fraterno. El tema, por repetido y trabajado que haya estado en las Asambleas Domésticas, no deja de tener su novedad, cuando vamos haciendo camino a su luz y tratamos de llevarlo con ilusión a la Asamblea Provincial.

Centradas en el marco de la Compañía, con su idiosincrasia profética, sin duda, estamos llamadas a ser fieles a esa su identidad. El Capítulo II de las Constituciones es un “envío de Dios al mundo”. Es la carta de navegación que nos avalará como profetas. La fidelidad al Carisma, el cultivo de la opción primera y el encuentro personal con Dios, hará segura la travesía en un mundo donde se ignoran o imagenempequeñecen las realidades espirituales, donde se habla del “eclipse de Dios”.
Se nos invita, como contrapartida, a “sentir vivo a Dios”, a “hacer lecturas sacramentales” en nuestro servicio cotidiano, a anunciar su Pascua a tiempo y a destiempo. Es esta la mística vicenciana, es la contemplación en la acción.
Desde estas convicciones, no caben los compromisos débiles, cabe si, el sentido crítico y un “olfato fino” para distinguir entre servicios útiles y servicios proféticos.

Para este mundo falto de referentes estables, donde parece zozobrar todo, se requieren testigos de esperanza. Es por ello que la Compañía “nos convoca a la esperanza”. A una esperanza que va más allá del simple optimismo porque, sin dejar de lado las realidades y potencialidades humanas, se ilumina de trascendencia, sabiéndose apoyada en Dios.  Creer esto es fundamental para poder transmitir dosis de esperanza allí donde todo invita a la desconfianza.

Imagen Para la Compañía, la esperanza va de la mano del servicio. Se trata de la virtud activa de las vírgenes prudentes: van esperando al esposo, si, pero, mientras, reponen el aceite. Cuando no esperamos nada, se paraliza toda actividad y se entumecen las capacidades. La ESPERANZA, así, con mayúscula se irá reafirmando en nosotras y en las personas a las que servimos, en la medida en que desenmascaremos las “pequeñas esperanzas” que más que ayudar, estorban.

Nos encontramos en “un tiempo fuerte”, donde ha de brotar la corresponsabilidad. La convicción de sentirnos llamadas a ser profetas esperanzadas, dinamizará lo mejor que hay en nosotras. He deducido, de las intervenciones de las Hermanas, que todo apunta a una rica Asamblea Provincial. Surgieron interrogantes, se constataron realidades y afloraron certidumbres que, acogidas en su momento, pueden dar luz para el camino.

Si Dios forma al Profeta y es el fundamento de su Esperanza, hemos de creer que todo eso pueda llegar a ser realidad, ahora y por todas partes.

Rosa Mendoza
Hija de la Caridad


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