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NUEVA POSTULANTE EN LA PROVINCIA DE BARCELONA

“…porque quien busca halla y
al que llama se le abrirá” (Lc 11,10)

   Un día, alguien captó la manera de orar de Jesús. NUEVA POSTULANTE EN LA PROVINCIA DE BARCELONATodo su ser, de dentro a fuera, dejaba entrever el tipo de relación, no común, que le unía a Dios, su Padre. Ese “alguien” le vio líder en el asunto, no menor, por supuesto… y le pidió que hiciese de Maestro: “Enséñanos a orar”… Una lección magistral salió de los labios de Jesús y, resultó ser “El Padre nuestro”. Jesús daba la fórmula y argumentaba sobre la validez de la oración: “Porque el que pide recibe, el que busca halla y al que llama se le abrirá”.

   Mi reflexión, que peca de ingenua, como suele suceder, la he querido llevar a la celebración del sábado día 9 de noviembre del 2008. Una joven, Núria, que ha tiempo buscaba y rebuscaba caminos o senderos, vete a saber, halló una puerta, llamó y se le abrió… ¿Todo a la vez? Seguro que no. El buscador de setas es paciente porque sabe que es preciso cierto tino para encontrarlas; no le basta el bastón para hurgar en la espesura; es preciso, al verlas, establecer diferencias y optar. Con estas premisas, la jornada acaba con la alegría de regresar a casa con el cesto lleno.

   Y así, los buscadores de Dios. Buscar a Dios es emprender la gran aventura, como bellamente se nos presenta en la “Oración” que hemos recibido de la Casa Madre, para el mes de Noviembre: Chercheurs de Dieu. Buscar exige remover espesuras, agarrar el bastón de la paciencia, a sabiendas de que Dios no tiene prisas porque es paciente. Buscar por el camino donde Dios se une a los hombres, garantiza la alegría de nuestras jornadas.

   Yo también he buscado, he hurgado en mis recuerdos intentando hallar un regalo para Nuria. He tenido suerte… he encontrado esta carta inédita:

   Al Señor Vicente

   Muy apreciado Padre: Deseo que no haya menguado el amor que tiene a Dios y que profesa a esta pequeña Compañía. Conozco muy bien la alegría que supone para su corazón el saber que hay jóvenes generosas que quieren servir a los pobres. Hoy, ha llamado a nuestra puerta una, que viene buscando la manera de ser mejor cristiana y, me dice, muy segura, que cree lo será sirviendo a los pobres. Se llama Nuria, es culta, ha seguido una trayectoria de entrega allí donde ha crecido. Según informes fidedignos, es mujer de búsqueda, de esas que no quieren ir ”a ciegas” por la vida; le veo deseosa de asegurar sus pasos para caminar sin miedo a la luz de Dios. Le he comentado cómo es nuestro estilo de vida, cómo intentamos amarnos entre nosotras para así salir pertrechadas a servir a los miembros dolientes de Cristo. Le he dicho, con emoción, cómo gozamos al poder seguir la misión que el Hijo de Dios emprendió en la tierra… Entendí en su mirada que era una joven con convicciones sólidas. Le he dicho que vuelva mañana y, si me lo permite, le comentaré, más o menos, lo que usted nos suele decir para que amemos nuestra vocación y nos entreguemos a Dios. Pienso que le podría decir lo siguiente:

   Eres buscadora de Dios; de alguna manera, ya lo has encontrado… pero Él es tan grande, tan inabarcable, que hay que seguir y seguir en su búsqueda. Eres su promesa, conviértete en estrella. El Dios que buscamos las Hijas de la Caridad, se ha hecho tan presente, “tan encarnado”, que lo verás por todas partes… “no hay miseria humana donde no se haga presente” en forma de llamada. Tú, siempre atenta hija mía; y si alguna vez resbalas en el camino, te calzaremos mejor, es decir, te arroparemos con nuestro cariño de Hermanas.

   Creo, amadísimo padre, que este discurso le podría hacer bien. De todas maneras, y como es costumbre, le diré que pase a verle lo antes posible y que pida los apuntes de sus conferencias para que se vaya llenando de ese buen “pan de casa” que tan bien nutre y fortalece … porque nunca se pone rancio.

   Esté seguro de que mi corazón ha gozado en este día, porque pienso que la pequeña Compañía, obra de Dios, seguirá valiéndose de instrumentos sencillos para ser signo profético de su amor.

   Soy su humilde y obediente hija,

   Louise de Marillac


   Suerte decía, porque yo no sabría hacerlo mejor. Ese día, en que Nuria ha querido iniciar su camino hacia la Compañía, sentí emoción; me pareció un regalo de Dios por la fidelidad de tantas Hermanas, que con su vida sencilla hacen “Pastoral vocacional”; ellas son cual bastones en los que se apoyan los buscadores y buscadoras de Dios. A Él sea la gloria.

    Y antes que se me olvide,
¡Bienvenida, Nuria!


    Rosa Mendoza
Hija de la Caridad
Provincia de Barcelona

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