| La Hija de la Caridad de ayer y de hoy, nació y se educó para
seguir la hoja de ruta marcada por la Providencia. Convencida de
su ser de "trabajadora como sirvienta", va haciendo la
experiencia de "resituaciones" frecuentes. Su identidad
no entra en conflicto con su hacer cotidiano porque siempre se sabe "enviada".
Cuando "manda" la disposición interior, cualquier
trabajo se hace DON... Importa poco que la herramienta sea una escoba,
una olla o un ordenador... Para la Compañía de las
Hijas de la Caridad cuenta más quien más pone de sus
cualidades al servicio de Dios y del prójimo. Darse en sencillez,
humildad y caridad, es la garantía de haber asumido el Carisma
de Vicente de Paúl.
No cabe duda que será feliz, aquí y en el reino de
Dios, la Hija de la Caridad que vive y trabaja, siguiendo su ruta,
e intentando sembrarla de amor efectivo y afectivo.
Este breve perfil de Hija de la Caridad es el homenaje que la Provincia
de Barcelona tributa a nuestra Hermana Sor Montserrat Roset, que
ha subido a la Casa del Padre el día 24 de Enero de 2005.
Con sumo gusto adjuntamos la carta del P. MasCullen, llena de afecto
hacia Sor Montserrat.

¡Que el Señor conceda el descanso
a Sor Montserrat! ¡Qué gran persona era, qué persona
tan delicada fue. Mi deuda con ella es inmensa. No sólo
por el trabajo que me hizo durante los 12 años que trabajamos
en la Curia en Roma, sino también por el ejemplo de su
vida, tan sensata, tan atenta con la gente, tan refinada en sus
gustos, tan humilde en su comportamiento y -una cualidad que
yo admiraba especialmente en ella- su buen sentido del humor.
Estoy escribiendo esto por la tarde, y era precisamente hacia esta
hora cuando cada día yo bajaba a su despacho para firmar las
cartas que ella había estado traduciendo y escribiendo durante
gran parte de la mañana. Era muy extraño que no compartiéramos
algún chiste y que no nos riéramos cordialmente juntos,
mientras yo leía el texto y firmaba cada una de las cartas.
Con frecuencia yo sólo le escribía, en unas pocas palabras
en inglés, los puntos de respuesta para cada carta, dándole
el contenido de lo que quería decir, y invariablemente, Sor
Montserrat no solamente traducía mis sentimientos con toda
exactitud, sino que además acababa la carta de una manera
muy delicada. Con frecuencia, me di cuenta que al acabar una carta
tenía presente la fiesta de comunidad que estaba próxima
a celebrarse, y añadía una referencia a dicha fiesta
al final, con el deseo de que fuera celebración para quien
recibiría dicha carta. ¡Qué oportuno ha sido
el Señor al llamarla a Él en la víspera de la
fiesta de la Fundación de la Congregación de la Misión.
Era evidente que había recibido una educación refinada
tanto en su familia como en su escuela. En una ocasión recordaba
como en la escuela convento, en que estudiaba, dirigido por una Orden
francesa de monjas, a las jóvenes se las enseñaba a
saludar cada día a la reverenda Madre de la Comunidad inclinando
un poco la cabeza a modo de cortesía hacia ella y diciendo
en francés: J'ai l'honneur, ma Mère, de vous souhaiter,
une très bonne journée
Cuando yo hube memorizado la frase y en las ocasiones en que me
encontraba con Sor Montserrat por la mañana en la escalera,
yo usaba la frase para saludarla. Ella casi se moría de un
ataque de risa...
La cantidad de cartas que habrá escrito, para mí,
para el P. Richardson y durante un año para el P. Malonney
- sólo Dios lo sabe. Él mejor que nadie sabe que Sor
Montserrat fue una verdadera Hija de la Caridad, una amante de Nuestro
Señor y de su Madre y de la Comunidad a la que Él le
condujo.
Fue para mi una gran satisfacción, en estos últimos
años, cuando en mis visitas a Barcelona veía cuan integrada
estaba en la comunidad de la Casa Provincial, el amor del que disfrutaba
y los cuidados que se le prodigaron en la última casa donde
falleció. A ti, Sor M. Cruz, Sor Carmen y a todas las Hermanas
que la habéis conocido desde 1993, os doy el pésame.
Esta tarde celebraré la Misa por el descanso de su alma.
Mañana tenemos un encuentro Provincial aquí, en nuestra
casa. Si no fuera por esto, habría cogido un avión
esta tarde para volar a Barcelona y poder estar presente en la Misa
de funeral. Éste había sido mi plan en el caso de que
ella me precediera. Sé que comprenderás que en estas
circunstancias no me es posible hacerlo. Estaré con toda seguridad
con vosotros en espíritu, cuando acompañen su alma
al Señor y su cuerpo para descansar en la tierra de su amada
Catalunya.
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