Hay momentos históricos que sobrepasan cualquier rutina y que, iluminados por la fe, nos invitan a hacer lecturas nítidas del Evangelio de Jesús; el empuje de su mensaje ha ido dando forma a los diferentes dones carismáticos en el seno de la Iglesia. El don de servir, legado especial para las Hijas de la Caridad, se nutre del único modelo y fuente de toda caridad, Jesús, “el cual no ha venido a ser servido y si a ser servidor”. De esta fuente brota la belleza de la diaconía encaminada al cuidado de los demás: los pobres, las Hermanas de Comunidad, etc.
La Provincia de Barcelona celebraba, el día 17 de abril del 2010, el relevo en el cargo de Visitadora Provincial. Muy a gusto decimos celebración, fiesta, ya que entra en juego la generosidad gozosa de dos Hermanas: una, Sor María Cruz Arbeloa Huarte que, habiendo cumplido lo que Dios le encomendara durante nueve años, deja su cargo, sencillamente, como algo connatural a nuestro ser; la otra, Sor Eduarda Vergara Saez que, aceptando generosamente, da comienzo el servicio a la Provincia. Lo celebramos, si, como una carrera de relevos; nos ha gustado usar la simbología del testigo, que pasa de una mano a la otra, con la finura de quien sabe que la carrera lleva a una meta: el querer de Dios. Este sentimiento quedaba recogido y expresado en las palabras de ambientación al comienzo de la Eucaristía.

“Este símbolo que hemos escogido quiere expresar una realidad. Este símbolo nos habla de una carrera de relevos y eso es precisamente este servicio… Nos está hablando de trabajo en equipo, de colaboración, de continuidad...
Cada corredor lo hace a su estilo, con sus cualidades, pero todos ponen su esfuerzo para ganar. La carrera es de todos… la carrera de relevos se ha de hacer con una técnica especial”.
Es evidente que todo servicio en el seno de la Iglesia tiene sus riesgos: “la luz ha de estar sobre el candelero, visible a los ojos de Dios y a los de los hombres”. Pero no es menos evidente la realidad misteriosa de la fuerza de Dios que, haciéndose viajero con nosotros, aparece en momentos insospechados para hacernos caer en la cuenta de su fidelidad. Él, como leemos en el Evangelio del tercer domingo de Pascua, nos preguntará, de cuando en cuando, ¿tenéis pescado? Es posible que nuestra respuesta sea: no. Entonces nos mandará “echar las redes por el otro lado”; esa será su hora; será cuando hará aparecer fuerza en nuestra debilidad, sabiduría en nuestras torpezas y aciertos en nuestras dudas.
Bienvenida sea nuestra Hermana Sor Eduarda. Las Hijas de la Caridad que conformamos la querida Provincia de Barcelona, estamos dispuestas a hacer su misma carrera para que el testigo no resbale entres sus manos. Queremos seguir cultivando el Carisma de Vicente de Paúl y Luisa de Marillac para que nuestra presencia en Cataluña, Baleares y Huesca siga siendo una humilde diaconía a favor de los más débiles de la sociedad. A “multiplicar la herencia recibida” nos invitaba Sor Rosa María Miró en el acto de presentación. Herencia que cobra vida con el recuerdo de los 350 años de la muerte santa de nuestros Fundadores.
Queremos recordar esta fecha, no como una más en la vida de la Provincia. La fe agranda todo acontecimiento y éste no es cosa menor para nosotras. “Todo puede ser vivido como Historia de Salvación”, nos decía también Sor Rosa María, abundando en lo mismo el Padre José Ignacio en su profunda reflexión, trayendo a la memoria los contenidos del Documento de la Asamblea General. Todo nos anima a acoger con esperanza los dones del Espíritu; a gozar con nuestra realidad, a amar cada día más nuestra vocación y, ¡cómo no!, a pedir al Dueño de la mies que haga crecer esta su familia.
Que la Madre de Jesús, sierva fiel del Señor colme de alegría a Sor María Cruz por su entrega al servicio de las Hermanas y de las obras y que Sor Eduarda experimente su protección en la tarea que acaba de empezar.
Rosa Mendoza
Hija de la Caridad
Provincia de Barcelona |