Todos llevamos dentro un
pequeño Sant Jordi, y si no, que nos vean a todos,
intentando salvar al mar de una marea negra peor que un dragón.
Y, en el fondo, todos luchamos por lo mismo, por un mundo
mejor. Somos como el pequeño David luchando contra
Goliat, aunque de momento aún no hemos salido victoriosos
como David.
Ya
no quedan princesas a las que salvar, sino miles de pequeños
triunfos por conseguir y luchar. Hoy en día lo que
nos falta son pequeños héroes, pero muy "de
carne y hueso".
Esta
es la historia de un Sant Jordi de hoy en día que tuvo
que luchar contra los dragones de hoy.
"...Érase
una vez un país donde la gente vivía llena de
contaminación, la tierra desvastada por culpa de los
malos tratos de los hombres hacia su entrono natural, y una
tierra removida que iba temblando de vez en cuando, para avisar
de "l o que hacéis no está bien".
La gente sencilla, en la costa gallega pescaba para ganarse
le pan de cada día.
Los
hombres seguían siendo egoístas y abusando de
la tierra, sacando cada vez más "oro negro",
el petróleo. ¡Faltaba más y más!,
así pues, hubo que sacar más y más, se
fueron hasta las profundidades de la tierra, y luego lo pusieron
en un gran barco, el "Prestige", que engordó,
engordó y fue como un gran dragón que al final
explotó y entonces Sant Jordi, en versión gallega,
fue a liberar a su pueblo, convertido en miles de personas
que se unieron para luchar contra una fuerza mayor. Y aunque
sí se pudo hacer algo, el mar se quedó negro,
triste, huérfano y vacío, como los pescadores
gallegos. Las lágrimas no consiguieron limpiar la tristeza
del mar, y desde entonces, ahí está, recordándonos
que tenemos mucho que aprender y que aunque cerremos los ojos,
seguirá estando allí, durante mucho tiempo.
Hoy
Sant Jordi somos todos, porque nos tenemos que hacer responsables
de nuestro mundo, de nuestro planeta. Nuestra espada es nuestra
voz, que aún pequeña tiene su peso. Y el dragón
es la injusticia, la guerra, el egoísmo. La ventaja
de Sant Jordi es que salió triunfador, y en cambio
nosotros es una lucha por un mundo mejor que no acabará
nunca. Sin embargo, siempre habrán románticos,
idealistas, personas que dan su vida por defender sus ideas.
Sería
bonito, que un día todos fuésemos fuertes como
un dragón y ganásemos al mal, débil como
un Pequeño Sant Jordi, pues, después de todo,
los dragones también ríen y lloran, aman y sufren,
y todos somos un pequeño Sant Jordi, idealistas, y
tenemos un diablillo, nuestro dragón. Nuestra voz,
es la espada que nos recuerda que es nuestra forma de luchar
y también de ponernos de acuerdo. Seguro que al dragón
le hubiera gustado sentirse menos solo y ser amigo de Sant
Jordi. A nosotros, la marea negra nos recuerda que el mar
es nuestro amigo pero que le tratamos mal, es nuestra rosa
con espinas, que nos hace no olvidar lo que un día
ya pasó.
Que
tengamos todos un feliz Sant Jordi.
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